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Sinopsis: A Tirso de Molina no solo le debemos la creación de Don Juan, uno de los mitos que quizá junto con Hamlet, Don Quijote y Fausto han llegado a ser algunos de los elementos fundacionales de la cultura europea. También le debemos una de las articulaciones más sorprendentes por su libertad y fuerza en cuanto a personajes femeninos se refiere. Tirso de Molina se somete, en su vergonzoso en palacio, a una de las grandes convenciones teatrales de su época: la dificultad del amor entre clases sociales diferentes, pero lo hace recorriendo un camino que seguirán Marivaux, Lope de Vega, Beaumarchais o Goldoni. Y en ese camino traza la maravilla de su comedia de enredos, equívocos, transgresiones y profundidades psicológicas de unos personajes que nacen en las primeras décadas del siglo XVII.

Dirección: Natalia Menéndez

Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico

Reparto: José Luis Alcobendas Pablo Béjar María Besant César Camino Javier Carramiñana Bernabé Fernández Lara Grube Fermí Herrero Juanma Lara Carlos Lorenzo Anna Moliner Alejandro Saá Raúl Sanz Nieves Soria

Escenografía: Alfonso Barajas

Iluminación: Juan Gómez-Cornejo

Movimiento: Mey-Ling Bisogno

Videoescena: Álvaro Luna

Vestuario: Almudena Rodríguez

Música: (composición) Mariano García

Fecha del Estreno: 29 de septiembre de 2020

 

 

Crítica teatral  El vergonzoso en palacio

Julio Vélez- Sainz – Director Instituto del Teatro de Madrid

julioAyer asistimos al renacimiento teatral de uno de los templos escénicos madrileños. Era un momento especial: era la primera función del primer año seguido del nuevo director, y la primera de tres obras que se habían retrasado debido a la pandemia. Además, de estas es la única que, en puridad, corresponde al teatro clásico español: las otras dos son un Molière y un Shakespeare.

El vergonzoso en palacio de Tirso de Molina es una de las obras que tiene mayor historia escénica de nuestro autor y no es de extrañar. Se trata de una obra comedia ágil, divertida, inteligente y, por utilizar un término barroco, “discreta”. Es un gran texto que llevaba tiempo sin ser puesto en el teatro de la comedia.  La encargada de hacerlo es Natalia Menéndez. Una directora inteligente, versátil y con mucho oficio. En las últimas temporadas lo mismo ha dirigido una obra un diálogo moderno con elementos de autoficción, como la muy interesante Tebas Land de Sergio blanco, uno de esos dramaturgos a los que necesariamente hay que seguirle la pista; Un sombrero de tres copas muy correcto, y no es fácil seguir el ritmo y la fascinación teatral de Mihura, y este clásico. Además, no es, ni mucho menos, una neófita, recordemos que dirigió el Festival de Almagro hace unos años.

La obra está dotada de una coreografía y un tempo muy interesantes, rápidos y ágiles que no permiten que haya momentos en silencio ni espacios vacíos. El trabajo actoral es muy, pero que muy, destacable. Las actrices, todas, están fantásticas. Podemos destacar la gracia y desparpajo de Lara Grube como Serafina, la sutileza de Anna Moliner en el personaje de Madalena y la siempre divertida Maria Besant como doña Juana. Tirso hace unas mujeres cómicas audaces, que llevan la mayor parte de la acción dramática en lo que en el Siglo de Oro se denominaba la dama donaire. Es uno de los maestros del género, junto a Pedro Calderón y Moreto. Los actores no desmerecen aunque, personalmente, me quedé con ganas de ver más a los dos lacayos que están francamente divertidos (Alejandro Sáa, César Camino). Los galanes (primero y segundo), siempre en el registro cómico, son más que correctos (Javier Carramiñana, Carlos Lorenzo) y los “barbas” cumplen con oficio papeles secundarios. No aprecié los típicos signos de una obra de estreno, falta de rodaje, algún trastabille ocasional…

La escenografía es uno de los grandes aportes de la obra. Consta de dos cuerpos: un fondo de cristal que se utiliza para elementos de videoescena que puede ser tanto de escena exterior (reflejos de una fiesta), como interna y psicológica (parlamentos amorosos con imágenes de la figura amada de fondo). La pantalla de cristal se complementa con unos vestidores laterales de dos pisos con un torno por el que entran y salen los personajes. Estos sirven tanto para desarrollar acciones de enredo como para desarrollar los parlamentos en ventana. No obstante, sin lugar a dudas, lo que más llama la atención es una figura central con la forma de unas montañas con dos secciones que permiten su posicionamiento en distintos espacios escénicos: una montaña, un jardín, un salón, o, si se torna por completo, una estancia cortesana. El reverso de la escena nos muestra un diván en el que ocurre una de las escenas más divertidas de la obra: cuando doña Madalena se finge dormida para declararle al vergonzoso su amor. Esta figura está indudablemente inspirada en los diseños de Vitruvio para la farsa.

La dirección ha querido enfatizar algunos elementos concretos. Comandado por los graznidos de María Besant (doña Juana), los personajes responden con los sonidos de otros pájaros. De hecho, las transiciones escénicas están marcada por la aparición de personajes disfrazados de seres agrestes, casi hombres verdes renacentistas y de personajes del carnaval. Ambos aspectos dotan a la obra de un carácter folclórico y divertido. Los bailes son paródicos y se presentan en contra del excelso discurso de los personajes.

En breve, es una obra por todo lo alto y con uno de los autores que les corresponde: el gran Tirso de Molina.

 

José Miguel Vila, ‘El vergonzoso en palacio’: amor, dignidad y libertad teñidos de buen humor, Diario Crítico

“Reabre sus puertas el madrileño Teatro de La Comedia, sede oficial de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), volviendo a Tirso de Molina y ‘El vergonzoso en palacio’, comedia palatina de enredo escrita en el siglo XVIIque mezcla con hondura y lisonja aspectos muy serios de la condición humana (dignidad, honor, bonhomía, libertad, amor, erotismo…) pero tratados también con un extraordinario sentido del humor.”

“La obra está dotada de una coreografía y un tempo muy interesantes, rápidos y ágiles que no permiten que haya nunca momentos en silencio ni espacios vacíos. El trabajo actoral es muy, pero que muy, destacable. Las actrices, todas, están fantásticas. Podemos destacar la gracia y desparpajo de Lara Grube como Serafina, la sutileza de Anna Moliner en el personaje de Madalena y las siempre divertida Maria Besant como doña Juana. Tirso hace unas mujeres cómicas divertidísimas, audaces, que llevan la mayor parte de la acción dramática en lo que en el Siglo de Oro se denominaba la dama donaire.”

Julio Vélez-Sainz

Director Instituto del Teatro de Madrid

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