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Sinopsis: Un texto de gran belleza poética sobre la honestidad en el plano personal y artístico “¡Hay que destruir el teatro o vivir en el teatro!”, exclama Lorca en esta obra, con la que aspiraba a iniciar un nuevo camino. Y de eso precisamente habla: del valor para romper con el pasado, con las inercias, la tradición, la represión —tanto en plano artístico como en el afectivo— y emprender aquello que uno realmente desea. El público, escrito en 1929-30, habla del teatro y habla del deseo, a través de un juego de máscaras, en el que se superponen ficción y realidad, en el que las identidades se encuentran en continua metamorfosis, persiguiendo sin cesar la Autenticidad, la Honestidad y la Libertad. Una ocasión para adentrarse, de la mano del director Àlex Rigola y un amplio reparto, en la indómita imaginación del poeta granadino.

Dramaturgia: Eleonora Herder

Autoría: Federico García Lorca

Dirección: Àlex Rigola

Ayudante de Dirección: Carlota Ferrer

Reparto: Nao Albet, Jesús Barranco, David Boceta, Juan Codina, Oscar de la Fuente, Laia Duran, Irene Escolar, María Herranz, Jaime Lorente, David Luque, Pau Roca, Jorge Varandela, Nacho Vera, Guillermo Weicker.

Escenografía: Max Glaenzel

Iluminación: Carlos Marquerie

Movimiento: Laia Duran (coreografía del Pastor Bobo)

Vestuario: Silvia Delagneau

Espacio Sonoro: Nao Albet

Género: Drama

Web Oficial: La Abadía

Entrevistas y reportajes:

Rocío García, El País: “Viaje lunar a la cabeza de Federico”

El Confidencial: “'El público', un viaje al interior del armario de García Lorca”

Miguel Ayanz, El Español: “El público: Rigola aborda la obra más críptica de Lorca"

Marta Cervera, El periódico: “Álex Rigola se sumerge en la mente de Lorca”

La 2 noticias: “Se estrena 'El público', la obra 'maldita' de Lorca”

Alberto Ojeda, El cultural: “Entrevista a Álex Rigola”

Fco. Javier Alvear, Revista Puro Teatro: “El Público”: el manifiesto gay de Lorca. Entrevista a Àlex Rigola e Irene Escolar”

 

 

julioEsta obra pertenece al núcleo neoyorquino del poeta granadino. Debe ser leída junto a Así que pasen cinco años y Poeta en New York como conjunto pues muchos de los temas que presentan se repiten (surrealismo, homosexualidad, enfrentamiento entre el pasado y el presente, el público y el juicio público). A la par que Así que pasen cinco años y La comedia sin título forma parte de su «teatro imposible».

Es uno de los lorcas más difíciles de poner en escena. Muy alejado de los posteriores planteamientos trágicos, es una obra muy críptica, una suerte de psicodrama simbolista, en el que Lorca deja sobrevolar su principal imaginario simbolista (el caballo, la arena, la luna). El planteamiento escénico parte de las palabras de Lorca sobre el influjo de la sociedad y la religión sobre el individuo, la falta de libertad para amar y las diferencias entre el «teatro bajo la arena» y el «teatro al aire libre» con un espacio escénico de Max Glaenzel magnifico. La conceptualización del texto orbita entre los polos del eros y del thánatos, lo que se refleja en el escenario.

Antes de la obra una serie de personajes con la cara tapada presentan imágenes del Lorca a pastor. Éstas están tomadas de la puesta en escena del auto sacramental la vida es sueño de Calderón de la Barca que la barraca puso en escena en el paraninfo de la Universidad Central de Madrid. En este espectáculo Lorca hacía de sombra, Aspecto que indudablemente se rememora por medio del personaje del botones que no está a la entrada en la obra. La actuación y coreografía de Laia Duran y la actuación de la misma y Nao Albet, junto a Juan Codina y Pep Tosar son especialmente destacables. El desparpajo de los mismos es notable. Irene Escolar hace una muy correcta Julieta.

En breve, una puesta en escena valiente, un gran director y un notable elenco. Se trata de un Lorca en plena pulsión erótica, simbólica y vital, aspectos magistralmente captados en la obra.

Julio Vélez, ITEM/UCM

 

“Señor. // Qué. // Ahí está el público. // Que pase.” Se abren las puertas de La Abadía y entran espectadores de un día normal en el otoñal Madrid: una mayoría de personas en parámetros próximos a la edad de la jubilación; algunos, los menos, jóvenes con cierto pedigrí cultural por los comentarios que se escuchan a la entrada de la sala. Esperan (y desconciertan) actores vestidos de porteros o acomodadores con las rostros tapados por unas mallas. Dentro un espacio recubierto de arena sintética y brillante, una pequeña elevación hacia uno de los rincones cóncavos del peculiar escenario de La Abadía, una música atronadora de época, una inquietante proyección con focos móviles, de luz azul sobre los espectadoras, que perturban, y unas trampillas que se abrirán en el transcurso de la representación, en lugares singulares del escenario.

Lluis Pasqual estrenó este Lorca en 1987, en el María Guerrero, con el patio de butacas recubierto de aquella irisada arena del desierto de Libia que se necesitó transportar en aviones: impactante, preciosa y ¿necesaria? (aunque nos aproximábamos al 92 éramos un país rico). Después el montaje de Ricardo Iniesta en 2002, más sobrio. Y ahora en 2015, el de Alex Rigola. Ambicioso proyecto que penetra en el imaginario de Lorca y en la cabeza del poeta granadino: ¿el teatro imposible, que empezó a escribir en Nueva York en plena efervescencia surrealista en 1929, que continuó en Cuba, para terminar en España en 1930, goza hoy de una posible recepción entre el público habitual de teatro?

Esta pregunta que se formula Rigola, espera de una respuesta. El director filtra por su fantasía e inconsciente un texto que propone una sucesión de imágenes de muy diversa índole, trasladadas a diferentes sistemas de significación con todos los recursos de los que hoy dispone un director de escena, para la captación emocional y sensorial de los espectadores. Rigola no desencripta el complejo universo onírico de Lorca, ni lo ordena, ni mediante asociaciones mentales lo acerca al espectador; ni referencia las metáforas surrealistas que se escuchan.

Prefiere ser el mediador entre esa efervescencia caótica que anida el subconsciente del dramaturgo granadino y el espectador. Y prefiere, escenificar un texto en la España de 2015 ¿posible? / ¿imposible? tanto por una estructura dramática fragmentaria y casual, que no causal, como por un discurso discontinuo y proteico en las diferentes consideraciones o percepciones de las relaciones amorosas, que enhebra vagamente Lorca en ese montaje de Romeo y Julieta, que aletea en la mente del director (personaje de El público?).

El público aplaude con respeto, desconcierto o sorpresa. Más de uno se pregunta en voz alta (sic): pero esto ¿es de Lorca o una invención del director a propósito de …? Y en el otro extremo, los más jóvenes expresan su interés (y algunos su admiración / emoción) por un teatro visual y estético ¿posible por comprensible? o ¿imposible por hermético? Pocos quedan indiferentes, un logro: el proceso emotivo en la recepción se ha conseguido. Sin embargo, ¿detrás de la extrañeza, la curiosidad, la emoción, el placer estético y otros procesos sensoriales, se han extraído más consideraciones? ¿Suficiente despertar inquietudes? Y otra pregunta, el espectáculo ¿ha logrado traspasar la barrera del proceso emotivo al cognitivo?

Expreso muy dudas. En los de más edad les falta la causalidad del discurso y pocos disponen de conocimientos para desencriptar. Queda el impacto. Los otros, conectan con el frecuentado mundo de la imagen, pero sin traspasar el nivel de la admiración placentera o la huella sensorial. ¿Suficiente? Para Rigola, sí. Sin embargo, ante un espectáculo teatral de estas características ¿lo sensorial conduce a lo conceptual? En otros términos, ¿los impactos recibidos durante los noventa minutos activan las fuentes del conocimiento, cuando las impresiones espectaculares se remansan en la soledad del espectador? Por partes, creo que no, porque para activar a posteriori el conocimiento se necesita que en el momento de la recepción funcionen al unísono las funciones cognitiva y emotiva, interpretativa y emocional, intelectual y sensorial. ¿Es necesaria esta activación? Creo que sí, para una más amplia comprensión y emoción ante la propuesta.

¿Qué se necesita? que en la recepción del teatro (palabra más percepción ecuménica de una polifonía de signos como define Roland Barthes), el conocimiento preceda y guie la apertura emocional. De igual forma que al escuchar una sinfonía, la formación musical amplía las percepciones sensoriales / acústicas. ¿Se equivoca Rigola en su propuesta? No, pero el público de 2015 necesita conocer más conceptos básicos espectaculares y dramaturgísticos para traspasar la barrera del gusto; o mejor para que el conocimiento realce y contextualice lo emocional. Es una cuestión todavía de educación. ¿se ha avanzado desde 1930? Sin duda, pero todavía queda un trecho, porque muchos sólo valoran un hecho estético sin una apoyatura conceptual de base. Medio camino.

José Gabriel López Antuñano, UNIR

 

Juan Ignacio García Garzón, ABC, ««El público», de Federico García Lorca: raíces profundas»

Alba Cuenca Sánchez, Masteatro, «Para los conocedores de Lorca y los amantes del surrealismo, la función será una delicia»

David García Vázquez, Desde el patio, «El excesivo tono flotante y trascendente […] en mí provocó desapego, falta de empatía y poco embrujo»

Rafael Fuentes, El imparcial, «El público, de García Lorca: la pesadilla de un poeta»

Marina Casado, “El público de García Lorca: la destrucción del teatro convencional»

Lucía Torres, Escena Granada, «El público, de Teatro de la Abadía y Teatro Nacional de Catalunya»

José-Miguel Vila, Diario Crítico, «El público, de Federico García Lorca, en un montaje exquisito de Àlex Rigola«

Abel Farré, Culturamas, “El Público de Federico García Lorca, riesgo superado con gran puesta en escena»

Luis Muñoz Díez, Tarántula, «Àlex Rigola, dirige de forma primorosa El Público de Lorca»

Antonio Hernández Nieto, Huffington Post, «El público: ¿Para qué estamos aquí, amor? Para vivir»

 

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Una adaptación digna de la esencia lorquiana, que respeta el complejo lenguaje poético de tono surrealista.

Marina Casado

Marina Casado

Àlex Rigola dirige de forma primorosa El Público de Lorca

Luis Muñoz Díez

Tarántula

El excesivo tono flotante y trascendente […] en mí provocó desapego, falta de empatía y poco embrujo.

David García Vázquez

Desde el patio

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