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Sinopsis: Comedia en la que Diana, condesa de Belflor, se enamora de su secretario, Teodoro, prometido con una de sus damas, Marcela, relación que provoca los celos de la condesa. Dado que Teodoro no tiene condición de noble, Diana no puede ver cumplido su deseo, con lo que juega con él al perro que no deja comer, alternando la coquetería con el rechazo y la prohibición de que Teodoro se case con Marcela.

Autoría: Lope de Vega

Versión: Álvaro Tato

Dirección: Helena Pimenta

Producción: CNTC

Ayudante de producción: Esther Frías, Belén Pezuela, María Torrente

Reparto: Pedro Almagro, Rafa Castejón, Álvaro de Juan, Alba Enríquez, Alberto Ferrero, Nuria Gallardo, Natalia Huarte, Joaquín Notario, Marta Poveda, Paco Rojas, Egoitz Sánchez y Óscar Zafra

Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda

Movimiento: Nuria Castejón (Coreografía)

Vestuario: Pedro Moreno Adela Velasco, M.ª José Peña, M.ª Dolores Arias, Rosa M.ª Sánchez (Sastrería)

Ayudante de Vestuario:

Realización de Vestuario:

Maquillaje: Carmen Martín, Noelia Cortés

Peluquería: Carlos Somolinos, Petra Domingo, Antonio Román, Ana M.ª Hernando

Utilería: Pepe Romero, Emilio Sánchez, Arantza Fernández, Pedro Acosta, Luis Miguel Puerta, Julio Martínez, Paloma Moraleda

Fecha del Estreno: 19/10/2016

Teatro: Teatro de la Comedia

Entrevistas y reportajes: RTVE, A la carta

 

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El perro del hortelano es una de las obras que la Compañía Nacional de Teatro Clásico ha decidido poner en escena para conmemorar su trigésimo aniversario, una excelente elección, dado que la comedia se encuentra entre los textos de Lope de Vega que mejor se prestan a una lectura dramática y escenográfica en claves modernas, como el equipo ha querido realizar y sin duda ha logrado exhibir sobre el escenario de principio a fin.

En efecto, tanto el texto dramático, cuya versión de Álvaro Tato es bastante fiel al original, con momentos de libertad en la composición que suman significación al conjunto de lo representado, como el espectacular, diseñado conforme a un planteamiento estético algo posterior, más cercano a los cánones dieciochescos, primordialmente en lo que respecta a la arquitectura, de líneas geométrica austeras, y al vestuario, de corte neoclásico, permiten que el montaje dirigido por Helena Pimenta filtre con nitidez las dos fuerzas que en verdad manejan los haces que mueven los hilos de la trama y que en este caso permiten iluminar, y con ello desenmascarar, a una sociedad anquilosada como la que gravita en la obra, la sociedad española de la época, en general, y la napolitana, en particular, como Lope dispuso en su comedia: de un lado, el brío de las mujeres, verdaderas crucetas que manipulan una y otra vez la voluntad de los personajes masculinos, que en el desarrollo de la acción prácticamente se convierten en títeres de su arbitrio; y de otro, el coraje del criado, cuya resolución es la única que en el palacio de la condesa de Belflor permite desenredar definitivamente la maraña, en apariencia insalvable, que han provocado el urdidor concepto de la honra y el de la igualdad de clases, debido a los cuales Diana, de noble cuna, y Teodoro, su humilde secretario, no pueden ver cumplidos sus deseos de vivir públicamente su amor. Pues, como ha entendido perfectamente la Compañía, la obra no plantea sino que en principio solo infringiendo las normas de la nobleza es posible alcanzar la felicidad, de tal manera que tan solo la ocultación de una verdad y la complicidad permitirán al fin que ambos personajes puedan ver cumplidos sus objetivos.

Con un montaje limpio, dinámico, perfectamente coreografiado, especialmente de la mano de un personaje alegórico que, en nombre del amor, danza alrededor de los corazones de los protagonistas, el montaje se gana al espectador desde el principio, mientras fluye el verso con decisión y arrojo. Y todo ello, el ritmo, la declamación, la expresión corporal, la escenografía que la Compañía Nacional de Teatro Clásico ha desplegado sobre el escenario de Teatro de la Comedia está constantemente al servicio de la expresión del ridículo papel que venía desempeñando una clase social, la aristocrática, que mostraba ya evidentes síntomas de decadencia y envilecimiento. Un ejemplo de buen hacer que el público supo reconocer con un caluroso aplauso.

Miguel Ángel Jiménez Aguilar, SELITEN@T

 

 

 

 

 

 

Juan Ignacio García Garzón, ABC: «Ella y el secretario»

Javier Vallejo, El País: «Humor y artificio»

Marcos Ordóñez, El País: «Amar por ver amar»

RubenvikeMadridfree: «El perro del hortelano en el Teatro de la Comedia»

Teatro a teatro: «El perro del hortelano»

Julio Bravo, Una butaca con vistas: » ‘El perro del hortelano’, de Lope, por la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

Vida en escena: «El perro del hortelano (Teatro de la Comedia)

Hugo Álvarez Dominguez, Butaca en anfiteatro,El perro del hortelano, o todo en exceso”

Antonio Hernández Nieto, El Huffington post, El perro del hortelano que da y deja comer”

Me apropio del título de una película dirigida por Mitchell Leisen en 1942 para encabezar mi crítica,…

Juan Ignacio García Garzón

ABC

¿Desentrañar el asunto de una comedia o envolverla para regalo, con una bonita idea de montaje?…

Javier Vallejo

El País

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