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Título: El pato salvaje

Sinopsis: El pato salvaje es un enigmático drama, aislado dentro de la indisoluble dupla vida-obra que fue la existencia y trayectoria de Ibsen. Marca un punto de inflexión y concita una desconcertante mezcla de temas y géneros que multiplica la fascinación por uno de los indiscutibles consolidadores del drama moderno. Adentrarse en Ibsen en el siglo XXI es intentar comprender el poder de subyugación de las ficciones, la multiplicidad de capas que apabullan y perforan la realidad, el indiscernible peso del pasado. El pato salvaje se alza como una desvergonzada maquinaria que pone en duda la pervivencia del drama mismo y la vigencia de nuestros endebles valores. Un mensaje cargado de perplejidad y conciencia para el futuro.

Autoría: Henrik Ibsen

Traducción: Cristina Gómez-Baggethun

Versión: Pablo Rosal

Dirección: Carlos Aladro

Ayudante de Dirección: Paula Castellano

Producción: Teatro de la Abadía

Reparto: Juan Ceacero, Pilar Gómez, Nora Hernández, Ricardo Joven, Javier Lara, Jesús Noguero, Eva Rufo.

Escenografía: Eduardo Moreno

Construcción de Escenografía: Scnik Móvil S.A.

Iluminación: Pau Fullana

Vestuario: Almudena Bautista

Espacio Sonoro: JUMI

Diseño del Cartel: Miguel Vallinas

Fotografía: Eva Rufo y Luz Soria

Teatro: La Abadía

Sala: Juan de la Cruz

Duración: 160 min

Género: Drama

Pato salvaje

José Gabriel López Antuñano

Una de las características de Ibsen consiste en plantear con gran claridad y fuerza el tema principal de sus obras, aunque permitiendo interpretaciones dentro de unos límites. Aquí, como es bien conocido, la mentira: ¿qué es mejor, vivir confortablemente en un mundo falso o afrontar la verdad, aunque tenga consecuencias funestas? El dramaturgo noruego, que permite diferentes respuestas, no deja de incluir claramente la suya: la verdad, aunque acarree la muerte de la hija, al descubrir que no es la hija de los Ekdal; por el contrario, es la consecuencia de los amoríos que mantuvieron su madre, una antigua ama de llaves del cónsul Werler, con este. El cónsul obligó a su amante a contraer una boda con Hjalmar, un mediocre fotógrafo, para proteger a la madre ante una sociedad puritana. El drama tiene algunas tramas más, bien conocidas que abocan a plantear otros temas secundarios, desde el rigor religioso y existencial de sus compatriotas hasta el dilema moral de las relaciones entre hermanastros, cuando estos se enteran de los vínculos de sangre, tema frecuente en el dramaturgo.

Una de las aportaciones de Ibsen a la construcción del drama moderno consiste en el acabado de los personajes, que cuentan la historia sin que se vea la pluma del autor, y la capacidad para crear densas situaciones y atmósferas al límite. Son cuestiones que no envejecen, aunque si le ocurre al lenguaje, a la estructura más en aspectos secundarios que esenciales y a la contextualización de la fábula. Responder al interrogante del tema, según el concepto existencial del director y encontrar analogías con el mundo contemporáneo son los retos principales a los que se enfrenta un director y un dramaturgo, como ha hecho Ostermeier con diferentes dramaturgistas, por citar alguno de los directores más conocidos que se han aproximado a Ibsen en los últimos años.

Aladro y Rosal no escabullen ninguno de los temas planteados por el dramaturgo noruego pero, en un extraño afán de acercar los problemas al espectador, envuelven una síntesis enunciativa de los temas de El pato salvaje en una carcasa estructural escénica, una familia contemporánea con sus avatares, con unos diálogos más triviales que esenciales. Las escenas se suceden sin que nada ocurra, ni exista densidad dramática y sin que los personajes logren superar el estereotipo, porque no tienen asideros para construir verdaderos personajes; solo, de vez en cuando, alguno propone de manera sintética los grandes enunciados de Ibsen o bien le cede la enunciación de estos a Berta, la nueva amante del cónsul. Este armazón estructural, a veces, se rompe con comentarios metateatrales de Berta (la edad real de la actriz que representa la de los Ekdal), que se escuchan como guiños naifs, que nada tienen que ver con las Nuevas Escrituras Escénicas, o un intento, en ocasiones de ruptura de la cuarta pared (que se menciona en los añadidos) e implicación del público.

El espacio escénico: gran parte del escenario es ocupado por el interior de una vivienda, abocetada, donde convive el matrimonio de los Ekdal, la hija, el padre demenciado de Hjalmar y Gregers, hijo del Cónsul y hermanastro de Hedvig. A la izquierda del espectador la zona de Berta, sentada en una de las butacas de la platea, situadas en escenario, y con una burra con vestuario, para realizar los cambios a vista del público: desde ahí y con un micrófono cuenta resumidamente lo que los personajes de El pato salvaje desvelan paulatinamente en el desarrollo de la acción dramática, en esta propuesta narrada. Esta parte del espacio escénico responde al intento de ruptura de empatía, pero es discutible.

Los actores, como se ha escrito líneas arriba, carecen de soporte en los personajes y cada uno escoge un estilo para mostrar su tipo, con los signos escénicos que el director crea para cada uno de ellos. Se echa en falta una igualación de estilos interpretativos, porque cada uno se defiende en su territorio y con sus conocimientos. El director, más preocupado de la dramaturgia, deja hacer y compone la escena con oficio.

(5/10)

«El director, más preocupado de la dramaturgia, deja hacer y compone la escena con oficio. «

José Gabriel López Antuñano

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