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Sinopsis: "Chéjov dijo de su última obra que era una comedia. En efecto, El jardín de los cerezos es el retrato irónico de un declinante grupo social en la Rusia prerrevolucionaria. En sus páginas se hallan condensadas todas las constantes del escritor: el gran caudal poético y dramático que conforman unas criaturas, en ocasiones ridículas e incoherentes, pero que terminan revestidas de grandeza heroica dada su descarnada humanidad. Tragicomedia, pues, de la cotidianidad con un fatum inexorable: Cronos y su ineludible persistencia. No es casual que la acción de la pieza se inicie y concluya en “el cuarto de los niños”, espacio entrañable donde se avivan los recuerdos como mágicos sortilegios para ahuyentar al temible devorador, pese a que el destino final de este jardín de la memoria no podrá ser otro que el de su tala definitiva, esto es, el manto de olvido que a todos nos espera como una nieve inevitable. Una conmoción, expuesta por el dramaturgo ruso con sobrecogedor lirismo y un trasfondo de indulgencia, que hemos querido compartir desde el escenario". (Ernesto Caballero)

Autoría: Anton Pavlovich Chéjov

Versión: Ernesto Caballero

Dirección: Ernesto Caballero

Producción: Centro Dramático Nacional

Reparto: Chema Adeva, Nelson Dante, Paco Déniz, Isabel Dimas, Karina Garantivá, Miranda Gas, Carmen Gutiérrez, Carmen Machi, Isabel Martorell, Fer Muratoni, Tamar Novas, Didier Otaola, Secun de la Rosa.

Escenografía: Paco Azorín

Iluminación: Ion Anibal

Movimiento: Carlos Martos

Caracterización: Chema Noci

Música: Luis Miguel Cobo

Espacio Sonoro: Luis Miguel Cobo

Fecha del Estreno: 8 de febrero del 2019

Teatro: Teatro Valle-Inclán

Caballero y su impactante versión de El jardín de los cerezos

Del 8 de febrero al 31 de marzo del 2019 se estrenó El jardín de los cerezos en el teatro Valle- Inclán bajo la dirección de Ernesto Caballero.  Se trata de una versión de la obra del autor ruso Mijáil Chéjov donde la cotidianidad y el tiempo son los elementos clave.

En lo que se refiere al crono, a lo largo de la obra los personajes mantienen viva de una manera u otra el paso del tiempo y el recuerdo de un pasado en el que se evaden para evitar pensar en la decadencia del presente. No hay que olvidar que la obra original está ambientada en la Rusia prerrevolucionaria: una sociedad en la que la aristocracia perdía su poder y los hijos de los siervos accedían a los altos cargos. Sin embargo, en la versión de Caballero se introduce un elemento disruptivo: el teléfono móvil. Este avance tecnológico fue un invento bastante posterior a las primeras décadas del siglo pasado, época donde se ambienta la tragicomedia de Chéjov. Por lo tanto, puede que se trate de una forma de acercar ese discurso del autor ruso al tiempo actual. En esta misma línea, cabe mencionar el vestuario y su función. Los personajes aparecen ataviados con vestimenta propia del siglo XXI y llega un momento en el que se produce un cambio de vestuario y se visten de época bailando al ritmo de música electrónica. Dentro de lo trágico de la situación de una familia que va a perder su propiedad, Caballero con este detalle enfatiza de una manera cómica la desaparición del jardín y todo lo que ello implica.

En cuanto a la cotidianidad, la obra refleja el día a día de una familia noble al borde de la quiebra. Por un lado, los personajes que forman parte del servicio de la finca. Por el otro, la familia de la propietaria: Liubov Andréievna Ranévskaya, intrepetada por la maravillosa Carmen Machí que nos hace recorrer un mundo de emociones muy variado y que sostiene gran parte del peso interpretativo de la obra. Asimismo, resulta bastante sorprendente el travestimiento de Firs, un lacayo de avanzada edad. Lo más lógico sería ver en escena a un actor que se ajustara a las características de Firs, pero Caballero decide arriesgarse al escoger a una actriz, Isabel Dimas, una propuesta escénica que no se llega a entender si se trata de una mera función estética que aporta comicidad o de un elemento que contribuye a recrear la absurdez de una situación que no quieren admitir: la quiebra de El jardín de los cerezos y su inminente venta.

En conclusión, es una versión impactante e inesperada de este clásico de teatro que tantas veces se ha llevado a escena. En esta versión, los elementos disruptivos son: los teléfonos móviles y el travestimiento de Firs, los cuales nos acercan la sociedad rusa de principios del siglo pasado a nuestra realidad social actual.

Javier Vallejo, “La cuadratura del escenario giratorio”, EL PAIS [6/10]

R. Losánez, “«El jardín de los cerezos»: Un glaciar chejoviano”, La Razón [5/10]

José-Miguel Vila, ‘El jardín de los cerezos’, el adiós de Ernesto Caballero al frente del CDN, Diario Crítico [6,5/10]

 

“En conclusión, es una versión impactante e inesperada de este clásico de teatro que tantas veces se ha llevado a escena. En esta versión, los elementos disruptivos son: los teléfonos móviles y el travestimiento de Firs, los cuales nos acercan la sociedad rusa de principios del siglo pasado a nuestra realidad social actual.”

María Bueno

Máster en Teatro y AAEE UCM

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