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Sinopsis: “Siglo XIX. Los ilusionistas llenan los teatros. Reyes de todas partes buscan a los mejores magos para actuar en sus fiestas. Es el siglo de oro de la magia. En estas fechas se crean la inmensa mayoría de efectos que aún hoy se ven en los espectáculos de magia. Pero ¿Que habría pasado si la magia no hubiese decaído?¿Que habría pasado si aún a día de hoy los teatros se llenasen de un público que espera, no solo ser entretenido, sino impresionado? "El creador de ilusiones" busca devolver la magia a su siglo de oro, busca el asombro del espectador mediante la imposibilidad de sus efectos. Para ello Jesús De la Torre recoge los principios que llevaron a la magia a lo alto del panorama escénico y los utiliza para crear efectos novedosos que impresionen a un público moderno. "El creador de ilusiones" busca que durante un rato la magia sea el sentido de la vida. Ya que ¿Que es la vida? un frenesí ¿Que es la vida? una ilusión”.

Autoría: Jesús de la Torre

Dirección: Jesús de la Torre

Coordinación técnica:

Reparto: Jesús de la Torre

Fecha del Estreno: 31 de marzo de 2017

Sala: Sala Mayko

Duración: 65 minutos

Género: Magia

Web Oficial: El creador de ilusiones

 

 


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El mago Jesús de la Torre presenta un espectáculo de magia para todos los públicos. Los catorce espectadores que asisten a la representación se encuentran situados a un mismo nivel en cuatro filas que componen treinta asientos. El mago actúa desde un pequeño escenario (cuatro metros de boca por apenas dos de fondo) que se encuentra 50 centímetros por encima del patio de butacas cuya primera fila está prácticamente pegada al escenario.

De la Torre establece una relación directa, de tú a tú, con los espectadores. La cuarta pared es “derrumbada” por el mago desde su salida a escena. La iluminación, que permite que tanto el público como el mago puedan verse las caras en todo momento, nos enseña el atrezo del espectáculo: en un extremo una mesa en la que se sitúa la maleta del mago; en el centro, otra con dos sillas para los futuros voluntarios; y en el otro extremo, otra silla sobre la que hay un cuadro decimonónico y una chistera cuya función es decorativa.

El ilusionista despliega un nivel de energía alto y una oratoria ágil que no permite que la audiencia baje la guardia. Durante los 60 minutos que dura el show es capaz de establecer  una relación visual y física con todos los espectadores, lo que hará  más fácil que todos acaben participando, ya sea para sostener una pizarra en la que aparecerán ciertos nombres misteriosos o para hacer de tahúres cómplices en la mesa central. Incluso una niña de nueve años tendrá su momento de gloria en escena para dicha sus padres.

El arsenal de este profesional se compone de plumas que se convierten en ladrillos, de cuerdas que se dividen y recomponen hasta el infinito, de la consabida baraja, de un rollo de papel higiénico con vida propia, de cartas que se han escrito solas, de globos y  pañuelos, de una pizarra sobre la que el mago hace que un espectador escriba un sueño e, incluso, de un camisa de fuerza de la que escapa a la maniere de Houdini. Este repertorio de mago clásico no sería nada sin la relación afectiva que establece con el público, ya que, poco a poco, va construyendo una vínculo basado en el “no tengas miedo, lo pasaremos bien”. Su talento como seductor es más importante, aún, que cualquiera de los artilugios que componen sus trucos, ya que los voluntarios al participar del espectáculo hacen las veces de “actores” y de testadores de la veracidad de los elementos (que el ladrillo sea duro o que el globo no tenga agujeros) que el mago presenta. Sin esta colaboración del público, sin su generosidad, sería imposible para De la Torre crear un ambiente de sugestión que provoque el asombro y el aplauso generalizado.

En cuanto a la estructura cabe decir que se basa en la arbitrariedad de la colocación de los números (el orden bien podría ser otro y no afectaría al resultado del espectáculo). Esta es una licencia dramatúrgica que un espectáculo de magia puede permitirse. Sin embargo, el maestro de ceremonias apunta una suerte de ambiente que podría remitir a un cierto universo: el del Viejo Oeste. Su chaqueta de piel cobriza, su chaleco y su riñonera – junto con el retrato y la chistera que mencionamos anteriormente– anuncian un personaje, un joven cowboy, que no acaba de desarrollarse y que se queda en una mera función decorativa, en un aroma que se diluye.

Por último, es importante señalar que a pesar de las dotes comunicativas que se han mencionado su elocución es, a veces, demasiado vertiginosa, lo que le hace equivocarse de vez en cuando. Este profesional es consciente de lo importante que es mantener la atención del espectador para que no decaiga el ritmo. Posiblemente, su verborrea trepidante se deba a su juventud –que no le ha permitido descubrir aún el valor semántico del silencio– y a la “cultura” del teatro exprés que se ha instalado en las carteleras y que se basa en el miedo a aburrir a un espectador del que se dice que apenas puede ya concentrarse más de noventa minutos seguidos.

Marcos García Barrero, UNIR

 

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