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Sinopsis: Esta crepuscular tragedia de honor oculta una profunda reflexión sobre el poder, la justicia, la responsabilidad, el amor y el deseo, ambientada en el contexto político de las ciudades-estado enfrentadas en la convulsa Italia de finales del quattrocento. Atrapados en la tela de araña de un palacio de susurros, espejos y secretos, los personajes se enfrentan a su conciencia con una intensidad secreta y desconocida; la belleza de los versos se alía con la aspereza brutal de los conflictos y con un delicado ritmo casi cinematográfico en que las escenas se entrelazan y yuxtaponen. De fondo, la fama como eje de unas vidas abocadas a la mentira va gobernando una trama que desemboca en un desenlace sangriento sin resquicio de esperanza. Desoladora, hermosa, magistral, El castigo sin venganza nos ofrece un espejo trágico de la condición humana. Obra maestra de la senectud del Fénix, reflejo de su desencanto por la sociedad y el dolor de sus circunstancias personales y familiares pero, a la vez, audaz superación de un arte destilado y preciso ante la irrupción de los poetas y dramaturgos jóvenes que se van adueñando de la primacía escénica, este canto de cisne lopesco mantiene hoy la implacable vigencia del arte de la tragedia: un lúcido viaje a las sombras de nosotros mismos (Helena Pimenta, Dirección).

Autoría: Lope de Vega

Versión: Álvaro Tato

Asesoría Literaria: Vicente Fuentes

Dirección: Helena Pimenta

Producción: CNTC

Reparto: Beatriz Argüello, Lola Baldrich, Rafa Castejón, Carlos Chamarro, Nuria Gallardo, Joaquín Notario, Íñigo Álvarez de Lara, Javier Collado, Fernando Trujillo, Alejandro Pau, Anna Maruny

Escenografía: Mónica Teijeiro

Iluminación: Juan Gómez Cornejo

Movimiento: Nuria Castejón

Vestuario: Gabriela Salaverri

Música: Ignacio García

Fecha del Estreno: 21/11/2018

Teatro: Teatro de la Comedia

Duración: 1 hora y 40 minutos

Género: Drama

Web Oficial: El castigo sin venganza

 

 

 

julio

Helena Pimenta se despide a lo grande de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. El castigo sin venganzaes una obra grande, producto de un genio en el culmen de su vida. Lope la escribe con 69 años, poco antes de morir. En ella nuestro autor culmina una búsqueda de la gran tragedia que le ha llevado a experimentar múltiples posibilidades. Tras probar con tragedias de honor pastoril colectivo como Fuenteovejuna, tragedias de honor rural individual como Peribañez, tragedias que son, abiertamente, “tragicomedias”, como El caballero de Olmedo, pareciera como si, al final de su vida, se diera cuenta de que tiene que volver a los orígenes: la tragedia ha de ser en palacio. Estos son los fundamentos de la mejor y más profunda de sus obras trágicas. Estos son los fundamentos de los que parte una magistral puesta en escena.

 

Como explica Antonio Carreño en su edición, el acto I se plantea a la manera de la comedia galante: una dama noble, a cuyo amor aspira un caballero, aunque está destinada a otro. La ironía trágica consiste en que la dama es la madrastra del caballero y el «otro», su padre. El acto II intensifica el conflicto hasta la realización del amor adúltero e incestuoso, que recuerda a Fedray otras grandes heroínas trágicas. En el acto III se produce el conocimiento (anagnórisis) de la transgresión sexual y el cumplimiento del castigo sin venganza.

 

La temática trágica continúa en la escenografía, la cual se abre con un giratorio y unaserie de gasas que hicieran un juego casi de espejo, de transparencias.Imitan las gasas unos peristilos de corte barroco que enmarcan una gran historia con una de las temáticas favoritas de la tragedia clásica: el incesto.

 

En las primeras escenas se nos presenta al protagonista, el Duque de Ferrara, ataviado como si de un jefe de un clan mafioso se tratara. De hecho, la equiparación entre el clan nobiliario y el mafioso inspira uno de los hallazgos más interesantes de la escenografía: una silla de barbero que ejerce la función de trono a la par que subraya la sensación de inestabilidad e incomodidad del poder. Joaquín Notario está, como siempre, notable en su interpretación, aunque tuvo algún lapsus en la función que fui yo a ver, el estreno.

 

La duquesa Casandra‎es uno de los aciertos de la obra, interpretada por Beatriz Argüello, muestra la sensualidad y el decoro necesario de alguien que se sabe víctima de las circunstancias. Pimenta nos recuerda la presentación de Casandra como una Venus humanizada al situarla, como si de un cuadro barroco se tratara, rodeada de agua y colgada de un palenque. Asimismo, se desviste en público lo que subraya la sensusalidad del personaje. Aunque la caracterización de Rafa Castejón como Federico puede presentar dudas al respecto de la edad del personaje, el actor las resuelve con dignidad. Nuria Gallardo, como Aurora, y Carlos Chamarro, como Batín, están estupendos, como siempre. Llama la atención la resolución de Batín, en la última producción del Castigo, dirigida por Ernesto Arias para Rakatá, Jesús Fuente hacía un interesante Batín consejero del Duque, que es sustituido por un gracioso más tradicional en esta. El ritmo está muy bien marcado y el verso se dice correctamente, sin que llegue a llenar la escena ni quedar sordo (las dos peligrosas tendencias del teatro clásico en las tablas contemporáneas). El vestuario presenta reminiscencias del periodo inmediatamente anterior a la Primera Guerra Mundial y resulta interesante en cuanto establece conexiones entre el Barroco y el siglo XX. Las referencias al vestido Delphos, una prenda de seda de minúsculo plisadoy de aire griegocreado por Mariano Fortuny en 1909 que porta Casandra contrastan con los uniformes militares de los protagonistas masculinos: Marte y Venus en escena.

 

Merece destacarse el espejo que corona la escenografía. Símbolo de la verdad y del teatro (“espejo de las costumbres”) permite a Aurora entender lo que ocurre. Un espejo corona la escena y presenta una continuidad con la temática trágica: la obra se convierte en un barroco juego de espejos verbal donde las intrigas se presentan oralmente (el abandono de Casandra tras la noche de bodas, la guerra, el amor de Casandray Federico, y de la muerte de ambos). No en vano Lope decía en su Arte nuevo que:

 

es la comedia un espejo

en que el necio, el sabio, el viejo,

el mozo, el fuerte, el gallardo,

el rey, el gobernador,

la doncella, la casada,

siendo al ejemplo escuchada

de la vida y del honor,

retrata nuestras costumbres…

(vv. 215-225)

 

El núcleo de convicción dramática de la obra es la concepción del duque como personaje trágico, es decir, “el caído lúcido que descubre que sus propios actos y errores lo arrastran al abismo” en palabras de Álvaro Tato, el versionador. Hay que destacar lo complicado del trabajo de Tato en una obra que cuentra con todo tipo de estrofas: glosas de cancionero, sonetos, tercetos encadenados, madrigal, silvas, romances y redondillas. Conscientemente se suprimen las alusiones a la poesía culta de la secta gongorina, interesante para un público filológico, pero quizá no demasiado para el general.

 

En breve, nos encontramos con lo mejor de Lope en lo mejor de Pimenta. Un broche de oro de sus años como directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

 

Julio Vélez, ITEM

Karina Sainz Borgoñas, vozpópuli: “El castigo sin venganza, una tragedia española de Lope de Vega”

José-Miguel Vial, Ociocrítico.com: ” ‘El castigo sin venganza’: amores prohibidos”

Julio Bravo, ABC: “«El castigo sin venganza», un Lope que se siente y se huele”

Ángel Esteban Monje, Kritilo: “HELENA PIMENTA DISPONE CON UNA ESTÉTICA REPLETA DE SOBRIEDAD ESTA CRUENTA TRAGEDIA DEL LOPE MADURO”

Natalia Eseverri Cobos, El arcón de Natalia: “EN EL TRIBUNAL DE DIOS, TRAIDOR, TE DIRÁN LA CAUSA”

Javier Vallejo, El País: “Lo contrario de lo que digo, hago”

José Catalán Deus, Periodista digital: “¿Castigo sin venganza? Venganza, pura venganza”

Antonio Castro, Madridiario: “El castigo sin venganza: la pasión contra el honor”

Horacio Otheguy Riveira, Culturamas: “Extraordinaria versión de “El Castigo sin venganza”, entre el amor desenfrenado y el terror”

“Por todo ello la función resulta equilibrada y se dispone con diferentes atractivos…”

Ángel Esteban Monje

Kritilo

“El montaje de Helena Pimenta abunda en el estilo acuñado allá por sus años de Trabajos de amor perdidos,..”

Javier Vallejo

El País

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