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Sinopsis: Don Juan Tenorio, el burlador de Sevilla, engaña a cuatro mujeres, las nobles Isabela y Doña Ana y las villanas Tisbea y Aminta, en su veloz recorrido por Nápoles, Tarragona y Sevilla. Protegido por su padre, el Camarero Mayor del rey Alfonso XI, se permite saltarse todas las leyes humanas y divinas, llegando a retar a la estatua del Comendador Ulloa, a quien había matado cuando engañó a su hija, Doña Ana. El “convidado de piedra” se presenta a cenar con él y lo invita a una cena en su sepulcro. Audaz e inconsciente, Don Juan se presenta y es arrastrado al infierno. Autoría: El programa adjudica la obra a Tirso de Molina, que es la atribución tradicional. Hoy día hay serias dudas acerca de que sea suya.

Autoría: El programa adjudica la obra a Tirso de Molina, que es la atribución .

Versión: Borja Ortiz de Gondra.

Asesoría Literaria: Pepa Pedroche

Dirección: Josep Maria Mestres

Ayudante de Dirección: Amparo Pascual

Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico

Compañía: Compañía Nacional de Teatro Clásico

Reparto: Elvira Cuadrupani, Raúl Prieto, Ricardo Reguera, Pedro, Miguel Martínez, Samuel Viyuela, Egoitz Sánchez, Mamen Camacho, Pepe Viyuela, Paco Lahoz, Irene Serrano, Juan Calot, Ángel Pardo, José Juan Rodríguez, Lara Grube, José Ramón Iglesias

Escenografía: Clara Notari

Ayudante de Escenografía: Mónica Teijeiro

Construcción de Escenografía: Mambo Decorados / Sfumato / Readest / Peroni

Iluminación: Juanjo Llorens

Movimiento: Jon Maya Sein

Videoescena: Álvaro Luna

Vestuario: María Araujo

Ayudante de Vestuario: Maite Onetti

Realización de Vestuario: I. T.

Música: Iñaki Salvador

Espacio Sonoro: Iñaki Salvador

Fecha del Estreno: 13/04/2018

Teatro: Teatro de la Comedia

Duración: Una hora y cuarenta y cinco minutos

Género: Comedia

Web Oficial: El burlador de Sevilla

 

 

 

El burlador de Sevilla no es solamente la obra fundadora del mito de Don Juan, aspecto que resalta el telón de boca que recibe al espectador en el Teatro de la Comedia, creado a partir de la proyección de las portadas de algunos de los libros donde se recrea o se estudia el personaje. El burlador es una obra admirable por la perfecta construcción de la trama, que reúne las historias de los cuatro engaños de Don Juan sin perder nunca el hilo conductor del camino de perdición en que consiste la peripecia del personaje. Se trata de una obra de ritmo rapidísimo, que en el montaje de Josep Maria Mestres está perfectamente conseguido. Las escenas se suceden sin interrupción, pasando de Nápoles a Tarragona y de allí a Sevilla con muy leves cambios de la escenografía, muy eficaz, de Clara Notari, y la labor de unos actores siempre dispuestos a oficiar de tramoyistas de escena.

 

Todo es tan rápido como la vida de Don Juan, encarnado en esta ocasión por un brillantísimo Raúl Prieto, perfecto de gesto, de voz y de intención. Pocas veces el personaje ha mostrado esa mezcla de peligro y de seducción que es la marca de Don Juan. Todas las escenas de amor con las mujeres burladas son brillantes, pero ninguna como las de la pescadora Tisbea, a la que da vida una expresiva Mamen Camacho, a quien, no obstante, le sobra un poco de vehemencia en el monólogo “Fuego, fuego, agua, agua”.

 

Para que El burlador de Sevilla funcione es necesario un gran Don Juan, pero también un buen Catalinón. En esta ocasión el director ha encontrado el intérprete perfecto: Pepe Viyuela es un gracioso mordaz, con sus puntas de moralista, pero siempre fiel a su señor. Su cobardía está llena de buen sentido y escepticismo. Borja Ortiz de Gondra le ha regalado un final, que ha tomado prestado de Molière, que se convierte en un acto de justicia poética. Pepe Viyuela hace esta última escena sin enfatizarla, con una mezcla de melancolía y sensatez que da un aire poético y cotidiano a la apoteosis teológico-moral de la obra original.

 

Todos los actores cumplen a la perfección con los papeles que les ha correspondido. El verso está dicho con precisión y puesto al servicio de la acción, incluso en esos momentos en que la vena poética del autor flaquea un tanto. Además, como los cómicos de otras épocas, cantan con muy buen oído, tocan instrumentos, bailan y se mueven con gracia… Un elenco en el que no hay fallos, perfectamente ensamblado.

 

Hay un detalle que desluce en este magnífico espectáculo, y que no se puede achacar solamente al director, sino que es una dificultad intrínseca de la obra: la aparición de la estatua del Comendador, convertido aquí en la “figura de jaspe” que quiere Catalinón. Si en tiempos pudo ser terrorífica la aparición de la estatua de un muerto, hoy en día resulta, como poco, un efecto kitsch. Mucho más eficaz sería un juego de luces y proyecciones que el director, en los primeros minutos de la función, muestra que sabe utilizar para mostrar la alocada y vitalista carrera de Don Juan.

                                  Fernando Doménech Rico, RESAD

 

Ángel Esteban Monje, Kritilo: “El Teatro de la Comedia acoge una versión sobre Don Juan que pretende ajustar cuentas con el famoso seductor”

Miguel Ayanz, Volodia: “Carnavales y funerales”

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