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Sinopsis: Dos hermanos, intoxicados por la violencia de su educación de siglo XX, tras salirse de la carretera en un accidente de tráfico, en estado de shock, quedan perdidos y abandonados en un lugar extraño. Siglo XXI. Un espacio imposible de sanar. Una pista de coches de choque abandonada en lo oscuro y húmedo del bosque, donde el tiempo y la naturaleza se abren paso. Las rodadas en la arena se irán borrando, y por razones desconocidas, cada vez se hará más evidente la imposibilidad de trazar un camino de vuelta a casa. Eva está allí. Hermano, hijo aún, y padre, apela a lo imposible como único movimiento hacia la confrontación con nuestras heridas del pasado. Hermana, hija aún, profesora y madre, trae a este espacio oscuro, su obsesión por la educación: la vuelta a la naturaleza para crear nuevas ciudades, de donde nazca una escuela libre, donde convivan todas las contradicciones, que permita a nuestros hijos crecer como plantas, removiendo la tierra de los despojos del abandono, y enraizarlos como hierbas hacia la incierta libertad, por entre ladrillos y metal, buscando la luz del sol. Eva está allí, delicuescente: Propiedad que tienen algunos cuerpos de absorber del aire la humedad suficiente para dar vida a un tiempo o a un espacio decadente, sin vigor.

Dramaturgia: Javier Lara

Dirección: Carlota Gaviño

Ayudante de Dirección: (asesoría artística) Iara Solano y Carlos Aladro

Producción: Grumelot, Cía de Babel y Teatro de la Abadía

Escenografía: Paola de Diego

Ayudante de Escenografía: Berta Navas

Iluminación: Íñigo Rodríguez Claro y Álvaro Guisado Garavito

Movimiento: Lucas Condró

Vestuario: Paola de Diego

Espacio Sonoro: (composición y música en directo) José Pablo Polo

Fecha del Estreno: 5 de marzo de 2020

Teatro: La Abadía

Sala: José Luis Alonso

Duración: 70 minutos

 

Crítica teatral de Delicuescente Eva

José Gabriel López Antuñano

antunano

Delicuescente Eva es la tercera y última pieza de la trilogía “Lo propio (tras mi pasado en ByScratch)”, un proyecto de Javier Lara, que pretende mirar, “entre la bruma, a las eternas contradicciones intergeneracionales cuando se habla de educación”. Hacia ese conflicto generacional conducen una sucesión de miniescenas fragmentarias, sin hilazón causal ni sucesión temporal pero, que en su consecutividad, encaminan hacia la presentación (que no representación) de la cuestión. Desaparece la fábula, mas no la exposición de diferentes situaciones que abocan a la confrontación de dos visiones de la vida y un sentimiento de culpa de la generación pasada, que da paso a la siguiente más relativista y trufada de nuevos referentes. Propuesta en su enunciación más sensorial y de primeras impresiones que reflexiva, donde se conjugan bien contenidos y formas escénicas, y que dejan abiertas una serie de cuestiones para que se decanten y se piensen, tiempo después de la finalización del espectáculo, y, si se quiere, se valoren unas y otras, extrayendo consecuencias. Frente a la linealidad y rigidez de unas tradiciones de los padres de los años setenta, se alzan los hijos (la nueva Eva), que navegan en una sociedad líquida, donde la libertad se entiende como emancipación, la tolerancia como equivalente, el deseo como impulso a la acción sin cortapisas, los principios heredados como corsé opresor, la educación como una acumulación de estándares alejados de la realidad presente, en la que el concepto de verdad no tiene cabida y se remplaza por lo auténtico, aquello que más se acomoda a lo que se tiene, apetece o conviene en un momento concreto y de acuerdo con unas circunstancias determinadas.

Esta nueva sociedad, que también presenta signos de uniformidad, que no de igualdad, absorbe el entorno y se disuelve en el (propiedades de la delicuescencia). De ahí el cambio de roles de los actores, que en ningún momento adoptan un carácter mimético, ni van más allá de la enunciación de un discurso: todos pueden ser Eva o los padres autoritarios que han dado paso a una sociedad ¿mejor? En todo caso, distinta, sin subordinaciones o dependencias, que vive y aprovecha el momento, sin que el futuro o la muerte, que revolotean por la escena, les inquiete, y que intenta proponer (¿acaso imponer?) otros códigos de comportamiento.

Sin fábula (ni argumento), sin mímesis los intérpretes evolucionan en un espacio escénico con varias macetas con pequeños árboles, que recuerda la espesura del bosque (palabra que se pronuncia en algunas ocasiones) en el que se introducen en búsqueda de identidad o ante el aturdimiento por la pérdida de referentes. Esta concreción escénica, algo naif, no ayuda a la presentación de este conjunto de ideas. Acaso, un espacio más abstracto favorecería la recepción de la propuesta escénica. El espacio sonoro ayuda a la creación de una atmósfera, acompañada de la luz, que rompe con la corrección y el pasado, al tiempo que abunda en el carácter fragmentario de la propuesta. La directora demanda a los actores un ritmo rápido en la ejecución y no orgánico; el tempo es rápido, como lo son la sucesión de situaciones dramáticas, si bien algunas transiciones parecen demasiado precipitadas o su contrario. La dirección no se esmera en la composición de escenas, ni en el cuidado del empleo de los elementos de utilería, ni en algunos aspectos relacionados con la dicción, aunque acierta en el modo de contar y transmitir un mensaje, que llega diáfano a través de tres buenos actores.

José Gabriel López Antuñano

 

 

 

Julio Bravo, Delicuescente Eva, un pacto con la mentira, ABC

Jose Miguel Vila, Violencia intramuros, oscuridad y mentira, Diario Crítico

Angel Esteban Monje, Delicuescente Eva, Kritilo

Desaparece la fábula, mas no la exposición de diferentes situaciones que abocan a la confrontación de dos visiones de la vida y un sentimiento de culpa de la generación pasada, que da paso a la siguiente más relativista y trufada de nuevos referentes.

José Gabriel López Antuñano

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