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Sinopsis: Aquilano, hijo del rey de Hungría, se encuentra disfrazado de escudero para ganar el amor de Felicina, la hija del rey Bermudo. Ella le corresponde, pero no puede cumplir su amor por la diferencia de estatus. Ambos sufren hasta llegar cerca de la muerte: Aquilano cae en una profunda melancolía y Felicina, creyendo que su amado va a morir, trata de suicidarse. Pero con la ayuda del criado Faceto y de dos jardineros se descubre todo y el rey Bermudo acepta con gusto la unión de los amantes.

Autoría: Bartolomé de Torres Naharro

Versión: Ana Zamora

Dirección: Ana Zamora

Producción: Coproducción CNTC / Nao d’amores

Producción ejecutiva: Germán H. Solís

Compañía: Nao d’amores

Reparto: Silvia Acosta, María Besant, Javier Carramiñana, Juan Meseguer, Belén Nieto, Alejandro Saá, María Alejandra Saturno, Isabel Zamora.

Escenografía: Ricardo Vergne

Ayudante de Escenografía: Henar Montoya

Construcción de Escenografía: Purple Servicios creativos, Carpintería Santa Amalia

Iluminación: Miguel Ángel Camacho

Movimiento: Javier García Ávila

Vestuario: Deborah Macías

Ayudante de Vestuario: Henar Montoya

Realización de Vestuario: Ángeles Martín

Música: Alicia Lázaro

Utilería: Paco Cuero, Deborah Macías, Henar Montoya

Diseño del Cartel: Javier Herrero

Teatro: Teatro de la Comedia

Sala: Sala grande

Duración: 60 minutos

Género: Comedia

Web Oficial: Nao D'amores

 

 

La compañía Nao d’amores tiene ya una trayectoria de muchos años que ha configurado un estilo propio, único en el panorama teatral español. Desde que en 2001 su directora, Ana Zamora, presentó en el Festival de Almagro la Comedia llamada Metamorfosea, de Joaquín Romero de Cepeda, la compañía se ha especializado en la puesta en escena de un repertorio muy particular, prácticamente ausente (si no existiera Nao d’amores) de los escenarios españoles, el repertorio del teatro medieval y renacentista. Así, desde el anónimo Auto de los Reyes Magos, estrenada en 2008, hasta esta Comedia Aquilana, de Bartolomé de Torres Naharro, la compañía ha presentado ante el público una serie de obras que habían quedado para lectura en los libros de texto sin que se hubiera intentado comprobar sus virtudes escénicas.

El estilo de Nao d’amores, ya muy afinado en sus últimas producciones, se basa en una lectura atenta y minuciosa del texto para hacer comprensibles textos que muy a menudo están muy lejos, tanto en lenguaje como en convenciones escénicas, del espectador actual. Ana Zamora y sus actores se permiten incluso utilizar la fonética castellana de los siglos XV y XVI, con toda la acumulación de sibilantes que la hacen tan distinta del castellano actual (no se puede olvidar que la directora es nieta de una de las más grandes fonetistas españolas, María Josefa Canellada). Esta atención al texto no se queda, sin embargo, en un trabajo filológico, sino que se vierte en una puesta en escena siempre transparente, de aparente sencillez, que utiliza numerosos recursos escénicos (títeres, muñecos que interactúan con los actores, escenografías que se transforman a ojos vistas) entre los que nunca falta la música en directo, dirigida por Alicia Lázaro. El resultado es siempre exquisito, de una extraña belleza que solamente se puede encontrar en los montajes de Nao d’amores.

En la Comedia Aquilana destaca el depurado trabajo plástico que juega con un vestuario muy estilizado que recuerda las formas y, sobre todo, los estampados renacentistas. Un mundo floral que se refleja en la escenografía, haciendo de todo el espacio escénico un jardín de suaves tonalidades en donde los personajes se mueven como flores bañados por la cálida luz primaveral con que Miguel Ángel Camacho ha teñido este jardín de Venus. El trabajo de los actores se integra a la perfección en este ensueño en forma de comedia que la directora considera “la primera comedia romántica del teatro español”.

Fernando Doménech Rico, ITEM

 

La Compañía Nao d’Amores trata de indagar en los referentes extranjeros que configuran la comedia renacentista española y que, por tanto, subyacen en Comedia Aquilana, como la propia directora, Ana Zamora, ha explicado en repetidas ocasiones. Se trata de un punto de partida, sobre todo desde el referente inmediato de la comedia del arte, que cala en todos los componentes del espectáculo teatral, tanto el texto dramático, en lo que respecta a las imágenes líricas, la acción dramática y la configuración de los personajes, como el texto espectacular, en lo que se refiere a la escenografía, el vestuario, la iluminación, el espacio sonoro, etc. La vinculación de Torres Naharro con Italia, donde escribió gran parte de sus obras, justifica más si cabe tal propósito.

 

El caso de Nao d’Amores es un ejemplo perfecto de Compañía que nace y se desarrolla con un fin muy concreto, en este caso recuperar la esencia del teatro renacentista español, que supuso el germen de nuestro teatro áureo, y que consigue con creces cumplir sus objetivos, que no son otros que deslumbrar al espectador del siglo XXI con una puesta en escena intensa, dinámica, sorprendente, plástica, arrebatadora. Quien ve Comedia Aquilana puede hacerse una idea bastante precisa de cómo su autor dio cauce certero a nuestro dramaturgia clásica. Las constantes del teatro renacentista popular, con sus idas y venidas de actores, su apego al paisaje rural, la sencillez esquemática del conflicto dramático y de la acción, la ingenuidad de los personajes… todo se encuentra en este montaje, que además recupera la fonética del castellano de la época y la despliega en el escenario ante nuestros oído con la más absoluta naturalidad y gracia.

 

No obstante, aunque el resultado pueda parecer sencillo, dada la desnudez de los elementos, trabajados hasta el exceso, depurados, limpios, la propuesta final surge como fruto de una intensa labor de dramaturgia, que adapta tanto la sonoridad como la sintaxis del verso, hasta hacerlos mucho más afines a la sensibilidad y los modos modernos. Por último, la ambientación de la música, que recurre entre otros ritmos a los madrigales, las canciones populares y los cancioneros, así como la coreografía, que reproduce las danza características del Renacimiento, como el saltarello o la gallarda, combinan lo popular y lo culto, lo cómico y lo dramático, y están en perfecta consonancia con cada momento escénico.

 

En resumidas cuentas, esta es sin duda alguna una de esas propuestas que se convierten en imprescindible para un Teatro, como es el Teatro de la Comedia, que pretende acercar al público el teatro clásico español en toda su amplitud y complejidad. Y la presencia en los escenario españoles de un autor como Bartolomé Torres Naharro se convierte hoy en día, desde luego, en un referente indispensable sin el cual no podemos entender la Historia de nuestro teatro en su justa medida.

 

Miguel Ángel Jiménez Aguilar, UNED

 

 

José-Miguel Vila, Diario Crítico: “Comedia Aquilana: una fresca y alegre fiesta teatral renacentista española”.

Julio Bravo, ABC: “Comedia Aquilana: ejercicio de memoria histórica”.

Alberto Ojeda, El Cultural: “Comedia Aquilana, renacimiento total”.

Raúl Losánez, La Razón: “Comedia Aquilana: los albores de la comedia amorosa”.

 

Comedia Aquilana: una fresca y alegre fiesta teatral renacentista española.

José-Miguel Vila

Diario Crítico

Comedia Aquilana: los albores de la comedia amorosa.

Raúl Losánez

La Razón

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