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Sinopsis: Centaur es el nuevo trabajo de Pontus Lidberg para el Danish Dance Theatre, coproducido con The Royal Danish Theatre, Festival Oriente Occidente y Théâtre National de Chaillot. Se alzó con el premio a Mejor actuación en el Festival de Artes Digitales de Atenas (Athens Digital Arts Festival, ADAF) en la edición de 2020. Centaur explora las consecuencias de la aplicación de la inteligencia artificial y el poder de la tecnología humanizada. El título, Centaur, inspirado en la criatura mitad caballo mitad humano de la mitología griega, da también nombre al concepto informático que eleva las cualidades humanas combinando la inteligencia artificial y la humana. La voz exclusiva y poética del coreógrafo y cineasta de fama internacional Pontus Lidberg, cuya narrativa incluye emoción y subconsciente, explora lo que sucede cuando los bailarines se encuentran con un novedoso programa de inteligencia artificial. ¿La tecnología nos cambia o tan solo refleja lo que siempre hemos sido? Centaur es un espectáculo de danza de alta tecnología creado en colaboración con la galardonada artista de IA Cecilie Waagner-Falkenstrøm y Ryoji Ikeda, el destacado compositor electrónico y artista audiovisual.

Dramaturgia: Adrian Guo Silver

Dirección: Pontus Lidberg

Producción: Danish Dance Theatre, Festival Oriente Occidente, Théâtre National de Chaillot, The Royal Danish Theatre

Compañía: Danish Dance Theatre

Escenografía: Raphael Frisenvænge Solholm

Iluminación: Raphael Frisenvænge Solholm

Movimiento: Pontus Lidberg

Videoescena: Ryoji Ikeda

Efectos especiales: Cecilie Waagner Falkenstrøm, Tomonaga Tokuyama, ARTificial Mind, Departamento de Informática de la Universidad Técnica de Dinamarca (DTU)

Vestuario: Rachel Quarmby-Spadaccini

Música: Ryoji Ikeda, Franz Schubert y Giacomo Puccini

Fotografía: Per Morten Abrahamsen

Vídeo Promocional: https://www.youtube.com/watch?v=wdXEUrnHtS0

Fecha del Estreno: 2 de abril de 2022

Teatro: Teatros del Canal

Sala: Sala roja

Duración: 60 min.

Género: Danza contemporánea

Web Oficial: https://www.danskdanseteater.dk/en/press/kentaur/

Descubrir el artificio

Crítica teatral de Centaur

Javier Ramírez Serrano (Instituto del Teatro de Madrid)

El programa de Teatros del Canal, Canal Connect, cerraba este domingo 3 de abril con quizás una de las piezas más ambiciosas de la propuesta: Centaur del Danish Dance Theatre. Su director, el bailarín, coreógrafo y cineasta Pontus Lidberg reflexiona en la propuesta alrededor de la inteligencia artificial jugando con ella a través de un sofisticado dispositivo. Lidberg ha recogido el testigo en los últimos años de otros artistas como Wim Vandekeybus o Anne Theresa de Keersmaeker que vieron en el cine una forma de ampliar las fronteras de la danza (como ya entendieran Ruth Saint Dennis o Ted Shawn en los inicios del cinematógrafo). Por tanto, no es de extrañar que la propuesta de Lidberg construya el espacio a través de una gran proyección y una importante presencia del sonido artificial. Una concepción audiovisual de la puesta en escena con la que deben convivir los bailarines del Danish Dance Theatre.

Centaur comienza pronto marcando las reglas del juego que propone. Una inteligencia artificial diseñada para evaluar el rendimiento de los bailarines en una coreografía condiciona los desplazamientos, entradas y salidas de cada uno de los miembros del reparto. Este dispositivo diseñado por Cecilie Waagner Falkenstrøm, Tomonaga Tokuyama, ARTificial Mind y el Departamento de Informática de la Universidad Técnica de Dinamarca (DTU) se centra particularmente en el aspecto compositivo del arte coreográfico, como explica el propio Lidberg en una entrevista del Festival Oriente Occidente. Presumiblemente la posición de los bailarines en el espacio, proyectada a través de gráficas sobre la pantalla de proyección que viste la puesta en escena, es detectada a través de tres láseres que barren las 3 coordenadas del espacio escénico (x, y, z). A partir de esta premisa inicial en la que la voz de la máquina (claramente influenciada por clásicos de la ciencia ficción del siglo pasado como 2001: Odisea en el espacio) ordena las acciones de los intérpretes, la obra comienza a oscilar hacia una dramaturgia que tensiona el elenco contra el dispositivo tecnológico. Primero a través de la intromisión en los perfiles personales de cada bailarín cruzando información de sus redes sociales, después construyendo arbitrariamente una serie de enunciados a partir de bases de datos de textos clásicos y por último forzando las acciones particulares de algunos de los intérpretes, como la exigencia de un desnudo en escena.

La obra combina esta estructura con fuerte presencia del texto dictado por la máquina con momentos más centrados en lo puramente coreográfico. El movimiento de la propuesta pone el acento especialmente en las trayectorias que cruzan el cuadrilátero central combinando una serie de gestos que hacen referencia a la dramaturgia impuesta por la inteligencia artificial. Se crean imágenes de ríos a través de los rodamientos continuados de los bailarines, disparos de flechas gesticulados en plena carrera o choques que inciden en los levantamientos y caídas de los intérpretes. Todo ello bajo las órdenes de una máquina contra la que poco a poco se va rebelando parte del elenco hasta crear un momento culmen de tensión entre uno de los protagonistas y el ordenador.

Todo esto ocurre en la pieza, sin embargo, algo no acaba de explicarse correctamente respecto al dispositivo. Por un lado, el juego inicial de control de desplazamientos es la única mecánica que ejecuta la inteligencia artificial que parece transparente para los espectadores. El resto de acciones que implican al complejísimo dispositivo que se ha creado para la ocasión resultan muy confusas de comprender. Al observar los vídeos promocionales de Centaur podríamos pensar que en ningún momento hay una interacción en tiempo real sino que podría haberse construido la propuesta a través de un audiovisual pre-montado que proyectara la simulación. Cabe preguntarse si en vez de plantear una pieza tan sofisticada se hubiera hecho esto último la reflexión de la obra sería diferente.

También es importante valorar hasta qué punto el dispositivo necesita ser tan protagonista cuando descubrimos que la pieza brilla especialmente en los momentos más puros de cuerpo: en los grandes fragmentos de desplazamientos o en el solo del intérprete que se rebela contra la máquina. La ejecución de los bailarines del Danish Dance Theatre es tan brillante como hipnótica, acompañados de una partitura sonora que viaja entre lo diegético y lo puramente rítmico (claramente marcada por la naturaleza cinematográfica de la obra de Lidberg). Sin duda en esta tensión, la lectura reaccionaria resulta clara, en un mundo cada vez más tecnificado el cuerpo que baila se vislumbra como un contenedor incomprensible para la lectura ordenada del mundo que hacen los algoritmos. Podremos enseñar a pintar o a escribir a un robot pero ¿a hacer arte? Sin duda, el mensaje principal de la pieza se dirige hacia ese lugar, la imposibilidad para una inteligencia absolutamente lógica de comprender las acciones que no responden a un esquema del mundo prefijado.

Centaur, en resumen, es un interesante contenedor de algunas de las grandes preguntas que han tensionado al hombre contra la máquina desde los inicios del siglo pasado, sin embargo, no acaba de despegar para generar ideas rompedoras alrededor del conflicto. Durante el espectáculo en los Teatros del Canal el pasado domingo día 3 de abril también pude sentir como parte del público se desconectaba a lo largo de la pieza. En un montaje de danza con tanto contenido dialéctico, quizás habría sido necesaria la presencia de algún tipo de subtitulado en castellano, en un país como el nuestro, donde los públicos escénicos pertenecen a una generación que no fue educada en el inglés como idioma imprescindible para manejarse en el mundo. [8/10]

Entrevista con Pontus LIndberg a propósito de Centaur del Festival Oriente Occidente

«Centaur es un interesante contenedor de algunas de las grandes preguntas que han tensionado al hombre contra la máquina desde los inicios del siglo pasado, sin embargo, no acaba de despegar para generar ideas rompedoras alrededor del conflicto.»

El Mundo

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