1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando…

Sinopsis: Durante años, cada puesta en escena de esta obra ha sido sistemáticamente pateada. Hoy, después de ciento treinta años de su estreno, el drama que plantea no ha sido aún totalmente resuelto y aun existen grupos sociales que, de no ser políticamente incorrecto, seguirían pateándola. El personaje de Nora Helmer, convertido en un arquetipo a la altura de Anna Karenina o Madame Bobary, sigue irritando con su verdad y su grito de libertad a ciertos sectores que no toleran su valiente decisión final. Difícil para una actriz el recorrido fascinante que el personaje hace desde la fragilidad obligada por su dulce papel de esposa, hasta el violento despertar que la conduce a una libertad que ni siquiera imaginó, encerrada en su casa de muñecas. Por ello, este papel ha sido interpretado por las más grandes actrices.

Autoría: Henrik Ibsen

Dirección: Manuel Carcedo Sama

Producción: Carcedo Sama S.L.

Coordinación técnica:

Reparto: Belén Orihuela, David Bueno, Nerea Rojo, Alberto Romo, Chema Moro

Escenografía: Manuel María Grimaldi

Iluminación: Dayana Gálvez

Vestuario: Manuel María Grimaldi

Realización de Vestuario: Berto Toral

Espacio Sonoro: Dayana Gálvez

Fotografía: Ignacio Ysasi

Teatro: Teatro Karpas

Duración: 2 horas

Web Oficial: Casa de muñecas

Entrevistas y reportajes: Las mañanas de la Cope: “Casa de muñecas y Karpas teatro entrevista a Manuel Carcedo y Belén Orihuela”

 

 


captura-de-pantalla-2016-09-12-a-las-14-07-22 

Casa de muñecas, un imprescindible del teatro, una obra que aún después de más de cien años de su estreno  sigue representándose y motivando montajes con éxito, de muy distinta índole, debido a su vigencia. Esta obra, como otras de Ibsen, trata asuntos sociales de gran modernidad, critica a una sociedad que corrompe o frustra a sus individuos, como es el caso de Nora. Nora es una mujer educada para la complacencia, sin lugar para desarrollar o expresar sus propias opiniones y se deja manejar por los hombres de su entorno. Cada uno de los personajes tiene, de algún modo, la lacra que deja  esta sociedad injusta y que les lleva a actuar de forma poco ética y, al igual que Nora, viven un proceso de trasformación a lo largo de la obra mediante el cual son capaces de juzgar sus acciones, a excepción de Torvald.

Es, por tanto, mucho más que la historia de un matrimonio en el que la mujer está sometida a su marido, es una crítica a toda una sociedad que necesita ser consciente de sí misma, dejar de complacer y salir a buscar la verdadera libertad fuera de la casa de muñecas.

Los actores consiguen crear una atmósfera propicia para el disfrute de la obra. Si algo hay que destacar de este montaje es la interpretación magistral de estos. Consiguen que las escenas fluyan de manera natural creando una ilusión de realidad casi perfecta. La actuación de estos favorecida por la intimidad del pequeño teatro hacen que los diálogos lleguen al público con una fuerza y una pasión que emociona, sorprende, angustia y mueve a la reflexión. Su movimiento por el espacio escénico ayuda a la construcción de la residencia de los Helmer cuya única estancia en escena es el salón. Especialmente destacaría los momentos entre las dos mujeres Nora (Belén Orihuela) y Cristina (Nerea Rojo), ambas brillantes en sus interpretaciones.

En un momento en el que el espectador está cada vez más acostumbrado a adaptaciones actualizadas, a versiones libres de obras clásicas, algo muy enriquecedor y que permite mantener vivas muchas obras y recuperar la esencia de otras, casi llega a sorprender un montaje fiel a la época y de pretensión tan realista especialmente en un escenario pequeño como es el de esta sala. Nos encontramos con un montaje bastante fiel al texto de Ibsen que mantiene su estructura lo cual, tratándose de esta obra, no supone ningún problema pues tanto la estructura como el ritmo es bastante apropiado para un público actual. Vestuario y escenografía ayudan a viajar en el tiempo sin ningún tipo de esfuerzo, llevando al espectador a una casa acomodada del siglo XIX. Este tipo de montaje realista puede resultar eficaz para acentuar el valor crítico de la obra, ya que se hace más evidente cómo la sociedad en tanto tiempo, aunque mejorada, aun tiene mucho por hacer, especialmente desde cada uno de los individuos. Sin embargo, la elección del decorado y algunos elementos del vestuario festivo de Nora resultaban poco apropiados en la composición estética y visual de las escenas lo cual contrastaba con la cuidada posición de los actores en el escenario.

El sonoro final de la obra dejó al público en un absoluto silencio, consternado. Unos segundos de silencio, que como se demostró acto seguido, no eran sinónimo de desagrado sino que se debían a la  conmoción del momento. Ante la constancia de que muchos de los asistentes conocíamos la obra, y por ende, el final, sorprendió el efecto causado. A pesar de ese golpe seco, costó aceptar que el final había llegado. Esos segundos de silencio, no obstante, en seguida se rompieron por un público que aunque escaso por las dimensiones de la sala, no paró de aplaudir durante largo rato, incluso algunos bravos se escaparon de labios de un espectador efusivo. Una actuación soberbia de unos actores que con la cercanía del público se crecen, haciendo que los diálogos de Ibsen trasciendan de un modo especial.

Elena Martínez Moriel, ITEM

De Madrid al Cielo, “en un minúsculo teatro de la calle Santa Isabel, el Karpas, están representando Casa de Muñecas

 

munecas-1 munecas-2 munecas-3

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir
Logo