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Sinopsis: Tres mujeres de unos 30 años frustradas por la – demasiado frecuente – sensación de fracaso se refugian, como cada día, en el almacén de la discoteca donde trabajan. Allí se sueñan a sí mismas, conectan con sus versiones más genuinas, exploran sus límites con la violencia y, entre tanta hostilidad y olor a humedad, intentan montar su propia fiesta.

Dramaturgia: Natalia Mariño [Textos del equipo en proceso de trabajo de creación en colectivo]

Dirección: Elena Santos

Ayudante de Dirección: Irati Morán

Producción: Factoría Jarana

Coordinación técnica:

Distribución: Los números imaginarios

Reparto: Gema Escudero, Lydia Aranda, Clara Oliver

Escenografía: Ángela Navarrete

Ayudante de Escenografía: Juan Asego,

Iluminación: Elena Santos

Música: Lydia Aranda

Diseño del Cartel: Ángela Navarrete

Fotografía: Cristina Bravo

Fecha del Estreno: 1 de abril

Teatro: El Umbral de la Primavera

Duración: 60 min

Género: Discursivo

Web Oficial: http://colectivotranceproducciones.com/ll

YO NUNCA

Crítica teatral de «Canta y no llores»
Candela Caballero. (Máster de Teatro y Artes Escénicas ITEM UCM)

Con la asesoría de Los números imaginarios, Elena Santos dirige esta pieza nacida del taller de dirección de Carlos Tuñón que imparte El Umbral de la Primavera. Elena Santos, codirige junto a Juan Asego la compañía Colectivo Trance. Esta compañía llega en 2019 pisando fuerte dentro del Festival Essencia de Cuarta Pared. Desde entonces ha habido una firme consolidación y compromiso en su trabajo, desembocando en una iniciativa cultural que está dando de qué hablar: Factoría Jarana, un espacio interdisciplinar de reciente apertura capitaneado por Elena Santos y Juan Asego. Este espacio situado en el barrio de Comillas, pretende impulsar proyectos artísticos de diferentes disciplinas. Esta iniciativa está marcada de lucidez si puntualizamos que poco después, estrenan su tercera pieza en el Umbral de la Primavera, Canta y no llores.

Esta pieza comienza en el momento que llegas a la puerta de la Sala y un hombre te pide que te abras el abrigo para ver lo que llevas debajo. A continuación, todo el hall del Umbral de la Primavera está sometido a un ambiente de humo, luces de discoteca, un DJ pinchando en directo y unas camareras trabajando. Nadie bebe nada. A los quince minutos suena Yes sir, I can Boogie de las Baccara y las camareras comienzan una coreografía encima de dos tarimas. Una de las camareras, que baila sola en una tarima, para súbitamente como arrepentida, atraviesa el espacio y entra a la sala del teatro pegando un portazo. Empieza la obra.

La sala hace de almacén de discoteca que, bajo unos focos muy tenues que te hacen forzar la vista para ver a las intérpretes, te sumerge en una atmósfera de decadencia y de intimidad donde, desde el primer momento, se construye un discurso nuclear sobre el aguante. Con el juego de Yo nunca como columna vertebral, se suceden una serie de declaraciones entre ellas haciendo participe al público ocasionalmente. Estas declaraciones de tono dramático están intercaladas por breves momentos divertidos como las tres cantando Mari Carmen de La Pegatina. Aunque el punto de partida es bueno debido a su cercanía social, estas tres actrices nos llevan al mundo de la noche y el aguante vital con un discurso plano, aunque bien ambientado especialmente por el mundo sonoro. El arco dramático no es muy arriesgado debido a que las declaraciones intimistas se vuelven repetitivas en su trasfondo, y se acaba convirtiendo en una pieza expositiva.

Elena Santos ha hecho un buen trabajo de casting apostando por retratar los tres roles más representativos de cualquier trabajo: La veterana borde (Lydia Aranda), la veterana bondadosa (Gema Escudero) y la nueva (Clara Oliver). Construye la obra bajo sus principios de creación colectiva haciendo un total uso del espacio, eligiendo la autoficción como ingrediente dramatúrgico y apostando por un ambiente muy potente desde el que lanzar un mensaje de empatía, que abarca lo laboral y lo personal.

[7/10]

El arco dramático no es muy arriesgado debido a que las declaraciones intimistas se vuelven repetitivas en su trasfondo, y se acaba convirtiendo en una pieza expositiva.

Candela Caballero

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