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Sinopsis: ¿Es la división en sexos una construcción cultural? ¿Qué significa ser mujer? ¿Qué significa ser hombre? En esta última pieza de la trilogía sobre mujer, identidad e historia nos hemos centrado en el recorrido vital de una joven mujer transexual: Raphaëlle Pérez. El montaje se basa en su experiencia real de cambio de género, un camino marcado por la lucha, por la búsqueda de la identidad, por la autoafirmación, por la rotura de los moldes, por los sueños. A pesar de haber nacido en uno de los países líderes en Europa, Francia, la vida de Raphaëlle no ha sido, no es y, tal vez, no será nada fácil. Su valentía y sus aspiraciones y decepciones nos interpelan directamente.

Dramaturgia: Carles Fernández Giua

Autoría: Raphaëlle Pérez, Carles F. Giua y Eugenio Szwarcer

Dirección: Carles Fernández Giua

Producción: Grec Festival de Barcelona 2018, Teatre Nacional de Cataluya (TNC), Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) y La Conquesta del Pol Sud. Apoyo del Institut Català de les Empreses Culturals (ICEC)

Ayudante de producción: Sergi Francés

Compañía: La Conquesta del Pol Sud

Reparto: Raphaëlle Pérez, Carles F. Giua y Eugenio Szwarcer

Escenografía: Eugenio Szwarcer

Iluminación: Luis Martí

Videoescena: Eugenio Szwarcer

Espacio Sonoro: Damien Bazin

Vídeo Promocional: https://vimeo.com/user29272605

Fecha del Estreno: 12/07/2018

Teatro: Teatro Español

Duración: 80 minutos

Género: Teatro Documental

Festivales: Grec Festival de Barcelona Noves Espé¡ècies Estiu 2018

Web Oficial: http://www.laconquesta.com/portfolio/raphaelle/

Una historia documental expuesta en el escenario

Andrea Hurtado Martínez

Raphaëlle es una historia de vida narrada en primera persona. Compleja, detallada y cercana. La pasarela que pisa nuestra protagonista estará montada en la sala Max Aub (en la Nave 10) del Teatro Español hasta el domingo 21 de marzo. La escenografía, diseñada por Eugenio Szwarcer, revela la admiración que siente el personaje por la moda. Se vuelve físico el camino que ha de recorrer sobre los hechos de su historia, sus encuentros con su identidad y con el mundo hostil que le rodea, además de su crecimiento personal y profesional. La figura de la actriz se presenta material y virtual, incluyendo proyecciones del personaje que son realizadas en ese preciso momento desde el escenario. Creando como documento la propia representación. 

La incorporación de paisajes visuales, testimonios y grabaciones llenan la historia de veracidad al montaje de Raphaëlle. Estos fotogramas bien pensados son de los lugares en los que transita la protagonista. Siendo los elementos audiovisuales parte de la escenografía. Recrean, además, emociones del personaje. En una de las escenas Raphaëlle es perseguida, con la técnica del hyperlapse en el ámbito de la fotografía y el efecto estroboscópico en la iluminación muestran el miedo y la ansiedad que ella padece.

La protagonista, con el uso de la voz, nos va narrando los sucesos que le acontecen -de manera cronológica y exponiendo sus sentimientos en todo momento-. Carles Fernández Giua también pone voz a distintos personajes, que a mi juicio simbolizan la autoridad: el padre de la protagonista, el psicólogo y el médico. Estas figuras van dictando a Raphaëlle durante su camino cómo debe comportarse dentro de la sociedad. Las grabaciones de los testimonios: del activista Missé, de los padres de Raphaëlle, de la trabajadora sexual y de la asociación TransVaginarias se representan también a través de la voz y la imagen. Sin embargo, son tres cuerpos del reparto los que se entregan a la escena y van construyendo los hechos que contienen el espectáculo. El público recibe datos acerca de las realidades trans -todo aquel/a/le que no se corresponda con el género asignado al nacer- y lo entiende a través del relato de vida de Raphaëlle, de su experiencia, sus emociones y su cuerpo. Todo el montaje ocurre a partir de una reflexión, que es a su vez el principio de la función. La cuestión que nos plantea es: ¿Qué es ser un hombre? ¿Qué es ser una mujer?

El medio espectacular se construye en el vestuario de la protagonista, que es de plata con destellos. También en los objetos que se utilizan en la escenografía: una bola de discoteca, dos maniquíes -uno que representa el cuerpo masculino y otro el femenino-, los medios audiovisuales, el propio testimonio vivo de la actriz. La iluminación, que además de alumbrar la escena, funciona de diversas maneras: expone al público y trata de dar intimidad al personaje. La música, que es diegética, tiene como función, junto con el medio audiovisual, de ambientar los espacios, de darles vida y movimiento. El distanciamiento acontece cuando el resto del reparto, el director y el escenógrafo, detienen la acción del relato para explicar cómo fue la composición del montaje. También podemos contemplar a Eugenio Szwarcer construir la videoescena durante toda la representación. La figura que irradia pertenece al espacio escénico.

El espectáculo con una fuerte carga audiovisual a la vez que emocional, mantiene un ritmo donde todos los elementos teatrales se mueven a su favor, aceleran en el momento que la acción va más rápida, disminuyen la intensidad cuando el relato es más narrativo. Carles Fernández Giua construye una estructura funcional que divide la historia en varios capítulos en los que la actriz no desaparece de la escena dramática en ningún momento.

Lo crudo es el esfuerzo y también el valor de Raphaëlle exponiendo su historia de vida a tantos públicos diferentes -que esta vez había sido el patio de butacas de Matadero-, y contar con detalles los sucesos íntimos y personales. Este teatro documental, planteado por la compañía, tiene la intención -como su género indica- de representar la propia vida real y exponerla en el escenario.

Raphaëlle es preciso en el discurso. La elección de utilizar documentos para consolidar el relato convierte a la protagonista en un referente real. Raphaël contiene dos formas de discursos: el dramático y el histórico. Estos ocurren para poner en pie la representación, pero, ¿cómo es el orden en el que suceden? Según Silka Freire (2006) en la revista telondefondo el carácter documental de las piezas hace que todo elemento dramático suponga una recepción de que lo que está sucediendo forme parte de lo real. Es decir, en el caso del montaje de la compañía La Conquesta del Pol Sud, el texto es un componente de la ficción, sin embargo, lo asumimos como otro referente histórico más del relato. Esto se debe a que es la propia protagonista de la fábula quién nos está contando en primera persona lo que estamos construyendo junto con los documentos reales que nos están mostrando. La pieza comienza con una entrevista del activista Miquel Missé, al que ya conocemos por los textos que tiene acerca del tema como La conquista del cuerpo equivocado. Responde utilizando un lenguaje accesible. Este ayuda al espectador a comprender algunos conceptos previos. Aunque sería interesante ponerlo en diálogo con otros discursos, creo que es acertado no hacerlo en este montaje, ya que molestaría para la comprensión del mismo.

Me parece prioritario establecer un discurso claro, puesto que existe mucho desconocimiento sobre las realidades trans. Me interesa el carácter testimonial que supone que Raphaëlle exponga su propia realidad acerca del cuerpo, la identidad, las hormonas, las operaciones, etcétera. A mi parecer el tema se trata con cuidado, no es agresivo ni discriminante acerca de otras realidades. Sin embargo, ¿hasta qué punto necesitamos saber para validar las decisiones que toma una persona sobre su cuerpo? También me hace reflexionar en cuanto al panorama teatral ¿participa de alguna manera en la visibilidad LGTBIQ+ o está tratando de incluir la diversidad? ¿Cuándo el teatro podrá convivir con personajes cis y trans en los textos y los escenarios de manera no ocasional?

Esta última pieza de la trilogía sobre mujer, identidad e historia de la compañía emocionó al público de Madrid, lo mismo que hizo en Barcelona años anteriores. Esto se debe a su calidad dramática y documental, a su veracidad, su fortaleza respecto a un panorama teatral que no contempla de manera general estos temas. Planteando reflexiones acerca de quiénes somos, qué rol asumimos, cuál es nuestro privilegio y la forma binaria en la que está construida la sociedad.

Durante una hora y veinte minutos la Nave 10 tuvo presente una historia acerca de la libertad a la identidad personal. Conocemos que Raphaëlle Pérez no se dedica al mundo de la interpretación, sin embargo, su actuación va al unísono con el resto de componentes de la representación. Mediante una ingeniosa localización de los espacios dramáticos acompañamos a la protagonista por los peligrosos vagones del metro de París. También por la pasarela que forma en su cuarto de estudiante, estamos presente cuando escribe los mensajes de texto que intercambia en la app para ligar, en su primera relación amorosa, etcétera. Los asistentes son un componente más de la representación, están reviviendo los hechos siendo testigos e involucrándose en las emociones de Raphaëlle. De tal manera que en un momento puntual un actor graba con la cámara, ubicada dentro de la escena, al patio de butacas que se proyecta al mismo tiempo. Incluyendo a los espectadores como parte del montaje. Haciendo al público aún más consciente de lo que la escena muestra es una situación real, de que las realidades trans son importantes, son válidas y son coherentes.

La escenografía está compuesta por una pantalla que divide el espacio, una pasarela horizontal y una vertical, con una escalera en el medio y otra en el lado derecho. Es fija, sin embargo, sí que tiene elementos que aparecen y desaparecen de la escena. Es el caso de los maniquíes y la bola de discoteca. El movimiento viene dado por el cuerpo de los intérpretes, las proyecciones, el espacio sonoro y la iluminación. Estamos ante una pieza contemporánea con un fuerte carácter documental. En la que cabe destacar el empleo técnico y audiovisual. La pantalla que divide el escenario hace que el foro quede oculto. Desvelándose después en una escena donde la actriz es grabada y que a su vez es proyectada desde atrás. Con la intención de crear una intimidad rigurosa en la secuencia mencionada. Los vídeos expuestos se encargan, por una parte, de mostrar más información del relato, y, por otro lado, de acompañar la escena presenciando, por ejemplos, paisajes. El paso de una a otra proyección es limpia, no posibilita ninguna incongruencia.

El espectáculo no presenta elementos innecesarios. El vestuario es único, y presenciaremos algún cambio de este con la palabra, es decir, el personaje nos describirá como viste en los distintos momentos de la historia. En el escenario destaca la protagonista con un vestido plateado, mientras que dejará en segundo plano al resto del elenco con un vestuario oscuro y casual.

Raphaëlle busca establecer un entendimiento con la persona que recibe la fábula, pretende desahogo y comprensión con la receptora. La fuerza con la que trasmite el relato es muy potente mostrando un discurso desde la disidencia, dejando muchas cuestiones por reflexionar acerca de cómo se compone la identidad y de cuál es la manera de vivir en nuestros propios cuerpos.

 

 

 

Críticas

Martí Figueras, “Mirar la Raphaëlle”, Núvol [8/10]

Javier Pérez Senz, “La propia vida de una joven trans, en el TNC”, El País [9/10]

Juan Carlos Olivares, “Las protagonistas de la triología […] no son personajes”, Time Out [3/5]

Entrevistas

Entrevista: José Antonio Alba, “La realidad trans contada en primera persona”, Revista Godot

Reportaje: La Conquesta del Pol Sud, “Raphaëlle”, Vimeo

 

 

“Raphaëlle es preciso en el discurso. La elección de utilizar documentos para consolidar el relato convierte a la protagonista en un referente real.”

Andrea Martínez Hurtado

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