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Teatro Xtremo nos presenta una propuesta escénica de la poética dramática que Lope de Vega escribió para defender su producción teatral en 1609 ante las críticas de los académicos. En este caso cabe hablar del texto fuente porque el proceso de adaptación se produce desde un texto no dramático y porque no hay apenas intervención textual.

 

En los 376 endecasílabos Lope defiende usando la ironía la estética de su arte dramático. Esa misma ironía utiliza Ricardo Campelo Parabides en su creación. Por eso esta pieza es difícil. Nos presenta multitud de elementos que nos atraen por su colorido, por su sonoridad, pero realmente el discurso transcurre por el interior, por lo que no vemos, por lo que se nos oculta. El espectáculo está cargado de técnica, de formas, de plasticidad, de recursos tecnológicos, pero todo eso es precisamente lo que se está poniendo en tela de juicio.

 

¿Y por qué el uso de la ironía? En el caso de Lope no sería por miedo o por falta de recursos intelectuales o por modestia, puesto que nos ha dejado muchos testimonios de sí mismo, de sus capacidades y de su valor. En todos ellos se trasluce desde luego la subjetividad, las trampas y la imparcialidad. Pero todas estas pistas nos dan información de la personalidad del creador. Por ejemplo, el dato agrandado del número de obras escritas, ya de por sí elevado, nos manifiesta su afán cuantificador y acumulativo. Entonces, ¿por qué esta ironía? Quizás porque Lope, como todo buen comunicador, sabía que el mensaje que tenía que transmitir no iba a ser entendido de forma directa por sus receptores.

 

¿Y por qué esta misma ironía en este nuevo Arte nuevo? Lo políticamente correcto está estrechando mucho los límites de la libertad de expresión en la actualidad. A esto se suma que el relativismo y nuestra era de la posverdad hacen imposible que puedas dar ningún juicio sobre cuestión artística alguna. En este panorama, ¿cómo valorar el estado actual del arte? La opción de Ricardo Campelo ha sido la ironía. Y por eso nos deja con el interrogante de si critica los aplausos a todo lo que se nos presenta como arte y si critica el indiferentismo ante la situación actual del arte.

 

La intérprete, que identificamos con Lope-Andy Warhol y expone el discurso apologético del Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo, es presentada como un maestro de ceremonias que dirige los cambios que se operan en el mundo del arte contemporáneo. El afán productivo y acumulador de obras se traduce en una exposición de láminas en forma de dólares. Algunas de las premisas artísticas del Arte nuevo son plasmadas con grafitis en tablas, papeles y colchones. El sillón rojo desde el que habla el supuesto Lope puede ser interpretado como el trono del arte.

 

Desde ese trono dirige el nuevo rumbo del arte. Purifica a la cantante de una pieza operística, a la que desnuda, introduce en una bañera y contempla transformada en una especie de rapera. Lope alimenta a esos nuevos artistas con pastillas alucinógenas, pero él se mantiene al margen y contempla los resultados. No se involucra. Parece incluso que no quiere contaminarse con algo tan vulgar. El espacio queda transformado en una discoteca, con su característico juego de luces, música, bailes y, en este caso, también droga. Una gogó en estado alucinógeno ejecuta y deja que ejecuten body art. Ella es la que alcanza ahora el trono del arte. A ella le ofrecen como víctima expiatoria un oso peluche que empieza a descuartizar hasta que se lo arrebata la excantante operística. Esta se introduce en la piel de peluche del oso y se sienta en el trono, pero en esta ocasión todos le vilipendian. La excantante operística sale del peluche, nos apunta con una pistola y dispara.

 

Hemos presenciado un ejercicio multidisciplinar que incluye poesía, interpretación, body art, danza, música y vídeo. Uno de los momentos más intensos se vivieron con el espectacular baile flamenco clásico y contemporáneo. También es remarcable la participación bastante activa del responsable de luces y sonido, así como en la cámara con vídeo proyección en vivo del propio director, creador del espacio escénico, dramaturgo y director, Ricardo Campelo.

Javier J. González Martínez, UNIR

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