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Sinopsis: Alarde de tonadilla es un homenaje a la canción popular española, tanto desde el punto de vista cronológico como geográfico, en el que se aúna con maestría el teatro con la canción, la música y el baile. Ahonda en las raíces españolas desde el respeto y la pasión, resultando un espectáculo único y emocionante de principio a fin.

Dramaturgia: Hugo Pérez de la Pica

Autoría: Hugo Pérez de la Pica

Dirección: Hugo Pérez de la Pica

Ayudante de Dirección: Antonio Sosa

Producción: Tribueñe S.L.

Ayudante de producción: Eloísa López

Compañía: Teatro Tribueñe

Reparto: Candelaria de la Serena, Raquel Valencia, Helena Amado, Badia Albayati, Alberto Arcos, Ana Peiró, José Luis Sanz

Escenografía: Santiago Martínez Peral

Iluminación: Hugo Pérez de la Pica, Miguel Pérez-Muñoz

Movimiento: Juan Mata, Raquel Valencia, Alberto Arcos, Hugo Pérez de la Pica

Videoescena: Hugo Pérez de la Pica

Vestuario: Hugo Pérez de la Pica

Realización de Vestuario: Milagros Sánchez, Concha Morillas, Carmen Rodríguez de la Pica, Carmen Bravo

Fecha del Estreno: 02/10/2016

Teatro: Tribueñe

Duración: 2 horas

Género: Musical

Festivales: I Festival Internacional de Teatro y Danza

Premios:

Primer Premio XIX Certamen Nacional de Teatro Garnacha de Rioja 2016 al mejor montaje escénico.

Segundo Premio del XIX Certamen Nacional de Teatro Garnacha de Rioja 2016 a mejor espectáculo.

Nominada a los premios Max 2017.

Web Oficial: Teatro Tribueñe

Entrevistas y reportajes:

Irène Sadowka, Artezblai: “Las estaciones teatrales de Hugo Pérez de la Pica”

José Miguel Vila, Diario crítico: “Tribueñe, un teatro hecho desde la pasión y el amor para gente que busca”

 

Alarde de tonadilla es un espectáculo en mayúsculas, un canto a las raíces melódicas españolas, una reivindicación de nuestra cultura musical, una clase magistral en toda regla por parte del apasionado y, a su vez riguroso, Hugo Pérez de la Pica. En él se hace un recorrido por el folclore español desde una perspectiva cronológica con canciones que van del zéjel andalusí hasta la copla, pasando por piezas de zarzuela, pasodoble, canción sefardí, fandango, bulería o seguidilla. Viajamos con ellas a diversas zonas de España, como Madrid, Castilla, Galicia, Asturias, Valencia, Cataluña o Andalucía, para empaparnos de una amplia variedad musical en la que la diversidad de ritmos y géneros forma una identidad admirablemente rica y digna de homenajear.

Las voces que interpretan, y en muchos casos bailan, las diferentes ‘tonadillas’ son cinco femeninas y una masculina; entre ellas destacan tres protagonistas que cantan en solitario, y en especial la de la joven Candelaria de la Serena, quien con una presencia asombrosa en escena deja momentos impecables, como, por ejemplo, el de su interpretación de Suspiros de España o Capote de grana y oro. La presencia masculina es la del bailarín Alberto Arcos, que da un toque muy particular al espectáculo, convirtiéndose cómica y magistralmente en personaje femenino en alguna de las piezas. El elemento fundamental de engarce entre canciones es tarea de José Luis Sanz, quien da voz a poemas escritos por Pérez de la Pica para el espectáculo. La música en directo está acompañada en prácticamente todo el montaje por una pianista excepcional, que ayuda también a crear ese ambiente íntimo y único en el que el público queda totalmente atrapado. Un público, por cierto, que estuvo entregado durante las dos horas de espectáculo, aplaudiendo con admiración y ahínco la perfección de cada una de las interpretaciones al término de cada una de ellas.

La elección de las canciones es caprichosa y personal, pero, a mi modo de ver, muy acertada. En palabras de su director, es un “repertorio escogido por el valor estético y sentimental” y, sin lugar a dudas, el resultado es una maravilla que emociona en cada una de sus ejecuciones. En este sentido, uno de los momentos más especiales tiene lugar en el ecuador del espectáculo, cuando la desgarradora y preciosa voz de Helena Amado interpreta la saeta A la Esperanza Macarena frente a una Candelaria de la Serena que en este caso hace de Virgen como si de una talla de Semana Santa se tratara, creando durante toda la pieza una conmoción muy profunda en los espectadores.

Uno de los grandes logros del montaje es la caracterización de los actores. Su vestuario, peinado y adornos es impresionante, variado y muy adecuado. Aportan un colorido y una marca de realidad que nos transportan sin ninguna duda a esos salones y cafés de los años veinte en los que se divertían y emocionaban personajes de la talla de Valle Inclán, Lorca o Unamuno. La escenografía es sencilla pero igualmente exquisita, y tiene la capacidad de hacer muy grande el pequeño escenario de Tribueñe, pues está muy a la altura de esos trajes regionales que llenan de lunares, volantes y cromatismo nuestros ojos con la compañía también de castañuelas, panderos y panderetas.

Es una función que, pese a su variedad y dificultad, es muy ágil en las transiciones de unas varietés que se van sucediendo con una trabazón y una naturalidad admirables, elemento que permite que el espectador sienta un pellizco en el alma al escuchar esas canciones que hablan de temas tan universales como el amor, el dolor, la muerte, la religiosidad, lo popular o la reivindicación de lo femenino. Todo ello se desarrolla, además, con la dosis exacta de dramatismo, comicidad y emoción. Una emoción que permanece hasta la coda del espectáculo, en que se hace un homenaje a las grandes figuras de la copla mostrando imágenes de muchas de ellas proyectadas sobre el fondo del escenario.

Estamos, en suma, ante un montaje que supera las altas expectativas que el público tiene cuando va a verla empujado por las excelentes críticas recibidas desde su estreno, hace ya más de un año. Y estamos, asimismo, ante un acto de valentía, y de rebeldía a su vez, de un joven director que apuesta por lo idiosincrásico, por nuestras raíces, por ir a contracorriente en una sociedad que ha perdido el horizonte en la reivindicación de lo que es verdaderamente importante, y que no tiene otro nombre que el de la cultura, sin prejuicios y en su mayor esplendor. Sin ninguna duda, Alarde de tonadilla es parte de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que deberíamos ser siempre.

Olé y olé ante tan alarde de talento.

Esperanza Rivera Salmerón, UVa

 

Justa y necesaria, abrumadora desde el comienzo y de una elegancia exquisita, Alarde de tonadilla, como tanto se ha dicho ya, no se parece a nada de lo que haya en cartel. Esto es así porque resulta muy difícil igualar esta rara avis de la escena contemporánea que, sin resultar rompedora, rompe; sin resultar transgresora, transgrede; y sin ser revolucionaria, supone una revolución sobre las tablas. Uno experimenta la paradoja de asistir a algo nuevo y viejo al mismo tiempo, de ser testigo de uno de esos hechos irrepetibles de las artes escénicas por su singularidad y calidad. Su eficacia reside en la forma en la que vuelve los ojos al pasado con la mirada limpia de prejuicios, en el valor inconmensurable de ahondar en la tierra y convertir las raíces del árbol en frondosa copa, volviendo a llamar a las cosas por su nombre y devolviendo a la tonadilla la categoría artística que le fue arrebatada injustamente.

No era tarea fácil subir de nuevo a un escenario el repertorio de temas musicales y la estética que Alarde de tonadilla ofrece al espectador, como tampoco lo era salir victorioso del intento. Sin embargo, la pureza con la que se realiza esta apuesta es aval suficiente para llevarla a cabo y ganarla.

Las escenas se configuran como lienzos, resultando la obra una gran galería viva, un inmenso museo fugaz que se construye y deconstruye ante nosotros y que nos devuelve una mirada nueva sobre el arte antiguo. La calidad del exquisito vestuario, la cuidadísima y perfecta iluminación, la hermosa escenografía y el diseño gráfico, y la sublime música en directo solo son comparables a la maestría de los trazos de un pintor. Esperemos que este pintor, Hugo Pérez de la Pica, no deje nunca de hacer arte.

 

José Ramón Sánchez-Pujante y Fernández, ITEM

 

Javier Vallejo, El País, “Al verde limón, con chorrito de sifón”

Antonio Hernández Nieto, Huffpost, “Alarde de tonadilla, el regalo del teatro musical español”

Aldo Ruiz, El teatrero, “El genial Hugo Pérez de la Pica nos brinda un espectacular Alarde de tonadilla

PJL Domínguez, Guía del Ocio, “No se parece a nada. Estupefacción. Es el sentimiento que invade a quien ve por primera vez una creación de Hugo Pérez de la Pica”

Miguel Pérez Valiente, Glosas Teatrales, “Crónica de Alarde de tonadilla de Hugo Pérez de la Pica”

Horacio Otheguy Riveira, Culturamas, “Alarde de tonadilla, un homenaje de alta escuela”

Tragycom, “Alarde de Tonadilla”

Estrella Savirón, A golpe de efecto, “Alarde de tonadilla es un homenaje a la copla española…”

Alberto Morate, BlogEntradas.com, “Alarde de tonadilla, recuerdos musicales”

Ignacio Vleming, Bloggin Madrid, “Alarde de tonadilla

José-Miguel Vila, Ociocrítico.com, “Alarde de tonadilla: emocionante, apasionante y arrebatador espectáculo de teatro español”

Irène Sadowka, Artezblai, “La música y la canción popular declinadas en géneros y formas distintos”

Juan Ignacio Vecino, PatrimonioActual.com, “El Teatro Tribueñe de Madrid presenta Alarde de tonadilla

Miguel Gabaldón, notodo.com, “Alarde de tonadilla, o un viaje en el tiempo a ritmo de copla”

María Robert, El País, “Cruzada contra el olvido de la canción popular española”

Cristina Valderrama, LaRioja.com, “La copla que nace del alma”

elblogdemistertal, “Me encanta la palabra alarde”

Juan Pablo Manzano Gálvez, shangay.com, “La función es un homenaje a la tonadilla”

Alarde de tonadilla: emocionante, apasionante y arrebatador espectáculo de teatro español

José-Miguel Vila

Ocio Crítico

La música y la canción popular declinadas en géneros y formas distintos

Irène Sadowka

Artezblai

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