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Sinopsis: Una aproximación al periodo de la transición tomando como eje vertebrador el golpe de estado del 23 de Febrero de 1981. Un ensayo que parte de la novela de Javier Cercas, “Anatomía de un instante”: el instante en que Adolfo Suárez permaneció sentado en la tarde del 23 de febrero de 1981, mientras las balas de los golpistas zumbaban a su alrededor en el hemiciclo del Congreso de los Diputados y todos los demás parlamentarios  -todos  menos  el general Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo- buscaban  refugio bajo sus escaños. La crónica de ese gesto y la crónica de un golpe de estado y la crónica de unos años decisivos en el nacimiento de nuestra democracia.

Dramaturgia: Alex Rigola

Autoría: Javier Cercas y Alex Rigola

Dirección: Alex Rigola

Ayudante de Dirección: Alba Pujol

Producción: Heartbreak Hotel, Titus Andrònic y Teatre Lliure

Producción ejecutiva: Irene Vicente Salas

Compañía: Heartbreak Hotel

Reparto: Pep Cruz Eudald Font Miranda Gas Roser Vilasojana (3 y 16 de marzo: Bernat Quintana)

Escenografía: Max Glaenzel

Iluminación: August Viladomat

Videoescena: Amanda Baqué

Espacio Sonoro: Igor Pinto

Teatro: La Abadía

Sala: San Juan de la Cruz

Crítica teatral de Anatomía de un Instante

José Gabriel López Antuñano – ITEM 

Arno Gimber en un excelente ensayo, Nuevas Poéticas Teatrales: El Teatro Documento Postdramático definía este tipo de teatro en los siguientes términos: “El teatro documental es una forma de teatro político (…) se encuentra en la tradición de Brecht y de su llamado teatro épico, que quería motivar al público a acciones políticas mediante la presentación escénica de obra dramáticas. (Los) representantes del teatro documental (…) decepcionados por la ineficacia de la parábola brechtiana, apuestan por una nueva forma de dramatización, llevando al teatro escenas o fuentes (documentos) históricamente auténticas (más o menos)”. Remito a ese estudio, colgado en la red, para conocer esta manifestación teatral que se propone presentar situaciones siempre sesgadas de parte, pero reales, de forma lacerante, para refrescar la memoria, herir, estimular las reacciones críticas ante un estado de cosas, y denunciar comportamientos sociales o individuales, que merecen reforma.

Javier Cercas en 2009 escribió Anatomía de un instante, una crónica, novelada y con aroma literario, de los hechos acaecido el 23-F, un golpe de estado contra la incipiente democracia española, que afortunadamente fracasó, por la preparación chapucera (con demasiados cabos sueltos) y la intervención del Rey Juan Carlos, una vez que vio que la intentona militar fracasaba. En la novela se apunta la decisiva intervención de Sabino Fernández del Campo como hombre que frenó al general Armada y atemperó a Juan Carlos. El relato de Cercas resulta entretenido y más histórico que documental: aporta datos, los conocidos hasta la fecha de redacción, los hila literariamente y el libro recuerda aquellos hechos que pudieron cambiar la historia de España.

Rigola sintetiza el libro y propone un epílogo propio. Cuatro actores, ayudados en fotos, que se proyectan sobre una pantalla que cierra el escenario, cuentan lo ya escrito por Cercas, pero sin separarse de la novela de la memoria y aproximarse al teatro documento que, como queda apuntado en el primer párrafo nunca es inocente, siempre pretende sacar al espectador de una zona de confort, que anestesia el presente y deja el campo expedito para que otros puedan repetir hechos desdeñables. Rigola no plantea un texto incómodo, sino complaciente y acomodaticio: con todos los protagonistas y partidos del 23-F, queda bien (aunque tirando alguna puntada para que no pueda decirse que es partidario de tal o cual) y el espectáculos es políticamente correcto, porque mientras los actores están en el happy end previo a la conclusión del espectáculo, proyecta unas frases contra la ilegitimidad del rey Juan Carlos, sin atreverse a posicionarse con claridad contra la monarquía o Felipe VI. En suma, un documento complaciente para el público burgués que acude al teatro.

El teatro documento necesita, además de intención en el texto, una cierta historia dramática, donde sustentar los hechos, personajes o textos, para que posea cierta envergadura teatral. Muchas obras teatrales fuera de España y en nuestro país existen de referencia. Estas entretienen, tienen un planteamiento escénico -con o sin personajes históricos-, inquietan, remueven y accionan al espectador. En esta Anatomía de un instante cuatro actores se dividen el texto y lo enuncian, en lo que en España empieza a conocerse como teatro postdramático en un abuso y deformación del término alemán postdramatisch, sin ninguna otra acción que señalar sobre la pantalla del escenario quién es quién de las personalidades políticas citadas e imitar algunas conversaciones; por ejemplo, entre Armada y Fernández del Campo. El espectáculo se presenta en la sala Juan de la Cruz de la Abadía, con buena acústica y los intérpretes se apoyan en unos micrófonos de ampliación de voz (no de pie que, a veces, se utilizan con propósito de distanciamiento); pero no es la problema de una posible mala acústica de la sala, a las dos actrices, a veces, no se les entiende porque no vocalizan, y ninguno, claro, con los micros proyecta.

El espacio escénico, además de con la gran pantalla se completa con unas mesas, unos globos, unos refrescos y algunos alimentos para celebrar un pic-nic, el de los actores recordando dónde estuvieron ese 23-F o qué les contaron sus padres. Acaso, todo demasiado correcto, tierno y leve. Es una lástima que Rigola se entretenga en estos espectáculos y algunos precedentes, cuando es un de los directores de escena con más talento en España y podría/debería emprender mayores retos.  

José Gabriel López Antuñano

Entrevista Álex Rigola, ABC

Reportaje en Por tres razones RTVE

«El espacio escénico, además de con la gran pantalla se completa con unas mesas, unos globos, unos refrescos y algunos alimentos para celebrar un pic-nic, el de los actores recordando dónde estuvieron ese 23-F o qué les contaron sus padres. Acaso, todo demasiado correcto, tierno y leve. Es una lástima que Rigola se entretenga en estos espectáculos y algunos precedentes, cuando es un de los directores de escena con más talento en España y podría/debería emprender mayores retos.»  

José Gabriel López Antuñano

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